El sexo puede dar dolor de cabeza

Desde el sentido común escuchamos muchas veces la excusa –disfrazada de queja- para evitar un encuentro sexual: «hoy no puedo, me duele la cabeza», algo que en general se atribuye a las mujeres. Sin embargo, también puede presentarse la escena opuesta, y es cuando la actividad sexual produce cefaleas.

 

El dolor de cabeza sexual no es un problema tan frecuente como otros que tratamos en este espacio, sin embargo nos han consultado por este tema y nos parece pertinente revisar la evidencia científica. Por eso acudimos nuevamente al Journal of Sexual Medicine, que en el 2018 publicó un artículo titulado precisamente Dolor de cabeza sexual.

 

Se trata de un cuadro en el que los ataques de cefalea se relacionan exclusivamente con la actividad sexual, y se conoce como cefalea primaria asociada con la actividad sexual (PHASA sus siglas en inglés). En este caso no se incluyen los dolores de cabeza que se producen durante el acto sexual debido a los inhibidores de la fosfodiesterasa tipo 5 (como sildenafilo, vardenafilo, tadalafilo) u otros medicamentos, ya que se trataría de un efecto secundario a una sustancia.

 

De acuerdo con la tercera edición de la Clasificación internacional de trastornos de la cefalea (ICHD-3) del Comité de Clasificación de Dolor de Cabeza de la International Headache Society, la cefalea primaria asociada con la actividad sexual se define por la presencia de episodios de dolor en la cabeza o en el cuello, que se producen solo durante la actividad sexual. Es posible que aumenten durante la excitación sexual o comiencen abruptamente antes o al final del momento del orgasmo. Este tipo de cefalea dura de un minuto a setenta y dos horas con un promedio de media hora, y no se explica por otro diagnóstico. Por otra parte, la definición se refiere a las cefaleas provocadas por cualquier tipo de actividad sexual: relaciones sexuales, masturbación e incluso poluciones nocturnas.

 

Algunos estudios informaron una prevalencia de dolores de cabeza asociados con la actividad sexual de alrededor del 1%, por ende no tiene comparación con la disfunción eréctil, la eyaculación precoz o el bajo deseo sexual que son altamente prevalentes. De todos modos considerando que no se trata de un cuadro tan conocido en su definición y criterios diagnósticos, es posible que estas cifras estén subestimadas.


Los estudios muestran que este cuadro se da con mayor frecuencia en los hombres, con una tasa de hasta cuatro veces mayor en relación con las mujeres. Con respecto a la edad se describen dos picos de prevalencia, el primero entre 20 y 24 años y el segundo entre 35 y 44 años.

 

Como es lógico, los pacientes con cefalea primaria asociada con la actividad sexual tienen más probabilidades de abstenerse de tener relaciones sexuales debido a la intensidad del dolor, lo que conlleva a otro tipo de problemas como insatisfacción sexual, angustia sexual, baja autoestima y conflictos de pareja.

 

Pasando al diagnóstico, es necesario que el paciente se someta a una evaluación neurológica incluyendo exámenes físicos para descartar otro tipo de patologías.


No contamos con protocolos de tratamiento consistentes, y además debemos considerar que existe una alta tasa de remisión espontánea (alrededor del 70% durante un período de tres años), por lo tanto no está claro si las intervenciones son efectivas o no. Hasta el momento las estrategias de tratamiento pueden agruparse en agudas, preventivas y profilácticas.

Con respecto al tratamiento agudo, es bien sabido que la cefalea primaria asociada con la actividad sexual responde pobremente a los analgésicos y a los antiinflamatorios no esteroideos de venta libre después de la aparición del dolor. Las opciones de tratamiento más comúnmente utilizadas para la fase aguda son indometacina o triptanos.


En relación al tratamiento preventivo -antes de iniciar la actividad sexual-, la indometacina sigue siendo el tratamiento que, según los informes, tiene resultados más positivos.

 

Finalmente, para aquellos casos de curso más crónico o con actividad sexual impredecible se puede intentar un tratamiento profiláctico diario con bloqueadores beta (propranolol o metoprolol). La duración recomendada de este tipo de tratamiento es de seis meses.

 

Solo resta decir, a modo de conclusión, lo que tantas veces planteamos en este espacio: si usted tiene este síntoma, no deje de acudir al especialista. En este caso no es estrictamente el sexólogo, sino -al menos en primera instancia- el neurólogo.

 

Redactado para Boston Medical Group por Ezequiel López Peralta.

Psicólogo. Máster en Sexología Clínica y Terapia de Parejas.

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