Preguntas frecuentes sobre estímulos antisexuales

En nuestro blog de salud masculina solemos prestarle más atención a temas médicos y clínicos, siempre basándonos en las investigaciones científicas más recientes. Pero también consideramos importante abordar otras problemáticas que vemos con frecuencia no solo en nuestros consultorios sino también en las preguntas que nos llegan por medios digitales. En este caso nos ocuparemos de algo que es muy frecuente y a su vez complicado para darle un buen manejo en nuestras relaciones de pareja: los estímulos antisexuales. Considerando lo importante que es abordar esta problemática, decidimos dedicarle un artículo en el que responderemos a las principales preguntas y dudas que se suscitan al respecto.

 

¿Qué son los estímulos antisexuales?

 

Son aquellos que en vez de provocar placer y facilitar la respuesta sexual, generan rechazo y dan lugar a una respuesta de inhibición e insatisfacción sexual. Este término se conoce popularmente como matapasiones, mientras que en Sexología en cambio utilizamos el concepto de repelentes sexuales. 

 

La realidad es que aunque no solemos darle mucha relevancia práctica a este tema, los estímulos antisexuales existen mucho más de lo que se cree y son uno de los principales conspiradores del placer sexual.  

 

¿Por qué es tan difícil decirle a mi pareja que algo no me gusta en el sexo?

 

Es curioso, pero incluso en parejas que tienen mucha confianza en términos generales se presenta esta dificultad para hablar directamente sobre sus repelentes sexuales. Deciden callarse por temor a que el otro se sienta mal o ante la posibilidad de encontrarse con una mala reacción. Pero claro, tampoco podemos perder de vista que si los estímulos matapasiones persisten la sexualidad se empobrecerá cada vez más, y la pareja va a estar condenada al fracaso.

 

¿Hay alguna etapa de la relación de pareja en la que los estímulos antisexuales son más frecuentes?

 

La pasión en la pareja experimenta una curva en la que intervienen las diferentes estructuras del cerebro con sus neurotransmisores, dando lugar a emociones y comportamientos que van variando con el correr del tiempo. En una primera etapa de enamoramiento, caracterizada por la idealización y las emociones a flor de piel, estamos muy enfocados en conquistar y en poner lo mejor de cada parte para que los encuentros sean apasionados. Es el célebre amor romántico. El umbral de tolerancia a la frustración y a las diferencias es más elevado y entonces no le damos importancia a ciertos comportamientos que en otras condiciones nos molestarían. Algunos meses o quizás años más adelante -aproximadamente entre uno y dos años a partir del inicio de la relación- pasamos a la etapa del apego, una forma de amor en la que sentimos mayor seguridad y los sentimientos de cariño prevalecen por sobre la pasión sexual. Es frecuente que nos descuidemos en nuestros comportamientos y que además nos empiecen a molestar determinadas cosas que antes ni siquiera nos hacían ruido. Ese es el momento en el que surgen con más probabilidad los repelentes sexuales, o quizás son los mismos de antes pero al ser el nivel de tolerancia mucho menor entonces producen reacciones emocionales negativas.

 

¿Existe alguna clasificación de estos repelentes sexuales, de tal manera que podamos identificarlos mejor?

 

Los matapasiones pueden estar dentro de diferentes categorías: sensoriales, conductas inapropiadas, omisiones o descuidos, y los relacionales, entre otros. 

 

Los sensoriales tienen que ver con estímulos desagradables que pueden ser captados a través de uno o más de los diferentes sentidos, por ejemplo el mal olor -por descuido de la higiene corporal o hábitos como el tabaquismo o el alcoholismo-, el mal aliento, una imagen corporal desaliñada -por abandono de la forma física o mal arreglo de la ropa-, por dar solamente algunos ejemplos. 

 

Las conductas inapropiadas son estímulos sexuales no efectivos para alguno de los dos: caricias demasiado bruscas, acercamientos torpes, comentarios o frases inoportunas -por ejemplo palabras y calificativos pornográficos que no para todas las personas son atractivos-, presiones evidentes o sutiles para tener relaciones sexuales. 

 

Con respecto a las omisiones o descuidos, se trata de la ausencia de cierto tipo de conductas eróticas o románticas que son importantes para alguien y por lo tanto su falta provoca frustración e insatisfacción sexual. La falta de ternura, los besos cuando solo se manifiestan ante la inminencia de un encuentro sexual, la pérdida de  romanticismo, el empobrecimiento de los juegos eróticos en cantidad y calidad.

 

Finalmente, aparecen los matapasiones relacionales y son los que se derivan de una relación de pareja que está desequilibrada o incluso enferma. Éstos son los que a veces requieren no solo de consejos, sino de una terapia de pareja. Un caso típico es el de la pareja que está en crisis, hundidos en conflictos profundos, inmersos en un estado de violencia psicológica y física. Otro escenario común sería el de una relación que se vive en una situación de extrema independencia, hasta el punto de ignorarse mutuamente. Y en el otro extremo, esas parejas simbióticas que jamás se separan, favoreciendo un sentimiento fraternal que en terapia sistémica se denomina vínculo parentalizado

 

¿Cuáles son las recomendaciones cuando nos encontramos con estos repelentes sexuales? 

 

Lo primero es hacer unas revisión de esas conductas para identificarlas y establecer cómo ocurren, en qué momento y qué es lo que producen desde el punto de vista sexual y emocional. El paso siguiente es comunicarlo a la pareja. Lo mejor es hacerlo en un contexto no sexual, como parte de una conversación informal y amena en la que se plantee de cada lado tanto lo que les produce placer sexual así como aquello que les saca de clima. Una comunicación clara, concisa y directa, pero a la vez positiva y con una propuesta concreta acerca de cómo se podría replantear el guión sexual, es sin dudas la forma más constructiva. Dado el caso de que no puedan llevar esas negociaciones por buen camino, lo recomendable es pedir orientación profesional especializada.

 

Redactado para Boston Medical Group por Ezequiel López Peralta.

Psicólogo. Máster en Sexología Clínica y Terapia de Parejas.

 

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