La ciencia del sexo: cada vez más enfocada en el cerebro

La sexología, es decir la ciencia del sexo, se ocupa de estudiar a la sexualidad en sus diferentes dimensiones. De hecho sus líneas de investigación son bastante eclécticas, y podemos encontrar desde estudios de género hasta de terapia psicosexual, biotecnologías, erotología, entre otros. Pero definitivamente uno de los temas de investigación más interesantes es la relación entre cerebro y sexualidad, que gracias a los nuevos instrumentos de diagnóstico arroja datos más que sorprendentes.

 

En ese sentido, queremos recomendar la lectura del libro La ciencia del sexo, obra del catalán Pere Estupinyà, quien no es sexólogo pero sí un científico inquieto por estas cuestiones. Tan inquieto que fue capaz de viajar a los Estados Unidos en el año 2012 en donde fue recibido por el reconocido investigador Barry Komisaruk, de la Universidad de Rutgers. ¿El desafío? Estimularse manualmente sus genitales dentro de un escáner de resonancia magnética funcional que mediría la actividad de su cerebro durante el proceso de excitación y de orgasmo. El contexto menos erótico posible para cualquier tipo de situación sexual. Pere aceptó el desafío, y además tuvo varias entrevistas con el célebre neurocientífico -así como con otros expertos y expertas-, de modo tal que recogió valiosa información que relaciona de manera estrecha lo que ocurre entre nuestras orejas mientras que disfrutamos de un encuentro sexual.

 

El libro trata varios temas, todos muy interesantes, que reflejan lo complejo de la sexualidad y siempre dando una respuesta científica pero escrita en lenguaje de divulgación: la química del comportamiento sexual, la respuesta genital, el punto G, la eyaculación femenina, las disfunciones sexuales en el hombre y la mujer, el sexo en el reino animal, el uso pedagógico de la pornografía, las orientaciones sexuales, la hipersexualidad, el poliamor y el sexo en grupo, para dar tan solo algunos ejemplos.

 

Como para que nuestros lectores y lectoras se animen a buscar este libro y otras lecturas similares que alimenten su cultura sexual y enriquezcan su vida erótica, presentamos algunos de los datos más relevantes de La ciencia del sexo. En esta oportunidad información relacionada con la sexualidad de la mujer, y en otro blog resumiremos algunos hallazgos en relación con los hombres.

 

Los orgasmos por estímulo de clítoris y de vagina no son iguales. Los estudios de imágenes cerebrales capturadas mientras que las mujeres se estimulaban el interior de la vagina en comparación con las que se manipulaban su clítoris, mostraron la activación de diferentes zonas de la corteza cerebral en uno y otro caso. Así es como la neurología rompe con la creencia de que todos los orgasmos son iguales como respuesta, y que lo que cambia es únicamente el estímulo.

 

La anorgasmia podría tener una clara causalidad cerebral. La corteza orbitofrontal es un área del cerebro relacionada con la consciencia del cuerpo y el autocontrol. Algunos investigadores encontraron que en las mujeres con preorgasmia (quienes se excitan llegando hasta la fase de meseta pero no logran gatillar el orgasmo) esta zona parece desconectarse en ese momento y de esa manera no pueden llegar al clímax.

 

¿Existe el famoso punto G? Dentro de la sexología se plantean diversas posturas al respecto, basadas en diferentes tipos de investigaciones. Sin embargo, en La ciencia del sexo se presenta una revisión de 96 artículos científicos publicada en el Journal of Sexual Medicine: las encuestas demuestran que la mayoría de las mujeres sí creen que el punto G existe, pero las medidas objetivas han fracasado en aportar evidencias fuertes y consistentes de la existencia de un lugar anatómico que pudiera estar relacionado con el mismo. En definitiva, algunas mujeres pueden identificar una zona de alta sensibilidad en la pared anterior de la vagina, pero la ciencia no ha encontrado razones anatómicas concluyentes para fundamentar esos niveles subjetivos de placer.

 

La multiorgasmia femenina podría tener una explicación genética. Más allá de que conocemos diferentes factores relacionados con la posibilidad de alcanzar con mayor o menor facilidad un orgasmo, incluyendo los orgasmos múltiples, algunos estudios encontraron que en mujeres idénticas genéticamente se encontraba un patrón de orgasmos similar, en comparación con las parejas de hermanas mellizas. Es una hipótesis en la que habrá que seguir trabajando para relacionarla con otros aspectos como educación, rasgos de personalidad (como extroversión e introversión), historia sexual, autoconocimiento y características de la relación de pareja y estímulo sexual efectivo.

 

Las mujeres dan el primer paso en el cortejo. Los estudios de la doctora Mónica Moore arrojan que en dos tercios de los casos son las mujeres las que inician el acercamiento heterosexual, y lo hacen por medio de algún tipo de señal de lenguaje no verbal que el hombre decodifica y promueve su acercamiento hacia ella.

 

La hiperventilación facilitaría los orgasmos al activar el sistema nervioso simpático. Hiperventilar es algo así como acelerar la frecuencia respiratoria, y algunos estudios demostraron que en mujeres jóvenes y sin disfunción sexual esta técnica mejoraba sus sensaciones genitales y la posibilidad de alcanzar un orgasmo.

 

El sexo con orgasmos podría reducir los dolores de cabeza. Que no sea una excusa entonces, ya que está demostrado que la liberación de endorfinas y oxitocina posterior al orgasmo genera un efecto analgésico.

 

Redactado para Boston Medical Group por Ezequiel López Peralta.

Psicólogo. Máster en Sexología Clínica y Terapia de Parejas.

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