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¿Qué es la impotencia sexual psicológica?

“Es que estoy desconcentrado”, “es que tengo mucho estrés”, “es que tengo problemas en el trabajo”, “es que estoy cansado”, “es que no me he sentido bien”… ¿Cuántas veces has usado estos argumentos para explicar que no puedes conseguir la erección? Si es al menos una en tus últimos cuatro encuentros sexuales, te interesará saber qué es la impotencia sexual psicológica. A continuación ampliaremos el tema, hablaremos de impotencia sexual entendiendo esta desde el punto de vista técnico como la disfunción eréctil ¿nos acompañas?

Disfunción eréctil

Tal vez todas estas frases no sean pretextos, probablemente sean reales. Lo que también es una realidad es que puede tratarse de disfunción eréctil o más comúnmente llamada, impotencia sexual, de origen psicológico.

La mente es sumamente poderosa, puede ayudarnos a lograr cosas que creíamos imposibles o por el contrario, convertirse en nuestro peor enemigo para alcanzar un objetivo.

En las culturas orientales, la mente, el cuerpo y el espíritu se consideran una sola entidad, forman parte de un ser integral. Pero para los occidentales, la mente es algo separado de nuestro cuerpo, algo intangible, inconcreto, que actúa por su propia cuenta, sin relación alguna con el resto de nuestros órganos.

Ciencias como la psicología y la medicina nos han demostrado que no es así. En lo que respecta a disfunciones sexuales, entender el estrecho vínculo que existe entre nuestro estado mental y las reacciones del cuerpo, es clave para aceptar -y tratar- la disfunción eréctil psicológica.

Veamos un ejemplo algo extremo pero real: la Universidad de Harvard realizó un experimento con monjes tibetanos. A los monjes se les cubrió con mantas mojadas con agua helada y se les pidió permanecer en un cuarto a una temperatura sumamente baja, casi al nivel de congelación, mientras practicaban una técnica de meditación que los lleva a un estado mental donde son capaces de tener un absoluto control sobre su cuerpo. 

Se monitoreó su actividad corporal con el fin de protegerlos de la hipotermia y para demostrar hasta qué punto, la concentración los aislaría de las condiciones externas. El resultado fue más que sorprendente: los monjes lograron elevar su temperatura corporal de tal forma, que al cabo de una hora, las mantas se habían secado.  

Aclaremos, la disfunción eréctil psicológica no se cura aprendiendo meditación. No se trata de concentrarse y doblar cucharas con la mente o de levantar ese “ánimo caído”. Aunque las técnicas de relajación ayudan, la disfunción eréctil es algo más complejo.

¿Qué es la impotencia sexual psicológica?

Empecemos por explicar en qué consiste: se considera impotencia sexual psicológica cuando, a pesar de no tener ningún problema físico, el hombre no es capaz de lograr o mantener una erección. A cualquiera le puede pasar en algún momento, por excesivo cansancio o estrés, por ejemplo; si es así, no hay por qué preocuparse. Pero si ésta se vuelve una situación repetitiva, es decir, si perder la erección o no alcanzarla, ocurre habitualmente, lo aconsejable es ver a un médico experto en salud sexual masculina.

La disfunción eréctil de origen psicológico siempre conlleva un alto grado de ansiedad, que aumenta cuando el hombre se enfrenta a una relación sexual, ya sea con una pareja estable o en algún encuentro pasajero. El miedo a fallar -especialmente si le ha pasado antes- le causa tanta tensión, que le será prácticamente imposible concentrarse en el placer y conectarse con su cuerpo. 

¿Por qué ocurre esto? Los hombres suelen tener grandes expectativas sobre su propio desempeño en la cama. Mientras más “espectacular” la erección, mayor su autoestima.

Hemos dicho en ocasiones anteriores que el concepto de virilidad se asocia al tamaño o las proezas que el pene puede realizar. Con esta anacrónica idea, es fácil comprender por qué si un hombre tiene problemas de erección, se siente devaluado, deprimido, triste, ansioso… esto da lugar a un círculo vicioso: mientras no se trate el estado de ánimo, recuperar las capacidades sexuales, será más difícil.

El órgano sexual más importante es el cerebro

Así es, ahí es donde empieza todo. El cerebro produce una serie de reacciones químicas cuando recibe estímulos, éstos pueden ser físicos -a través del tacto-, visuales, auditivos o incluso, producto de la imaginación o la memoria. Estos estímulos activan los neurotransmisores responsables de despertar el deseo sexual, las señales llegan a los órganos genitales produciendo la erección. Cuando este proceso se ve interrumpido, ya sea por una interferencia física o emocional, la reacción en cadena, no se produce.

Ya hemos hablado en otros artículos de las causas físicas de la impotencia sexual masculina, éstas son relativamente fáciles de tratar con medicamentos y otras técnicas, dependiendo de la situación clínica de cada paciente.

Pero cuando la impotencia sexual es causada por una alteración de las emociones, el proceso de recuperación es más complejo, ya que habrá que indagar en esos rincones íntimos y a veces, inaccesibles del paciente, para saber qué es lo que le está impidiendo vivir su sexualidad con normalidad.

Lo más importante, en principio, es entender que no hay nada malo en nosotros. Somos humanos y pasamos por momentos altos y bajos en la vida. Situaciones difíciles y dolorosas como la pérdida de un ser querido, de un empleo, una ruptura amorosa o problemas económicos, naturalmente repercutirán en el apetito sexual. ¿Quién tiene ganas de pensar en sexo cuando la tristeza es lo que predomina?

El tiempo, hacer algunos cambios en la rutina o la compañía de personas positivas y amorosas, probablemente sean suficientes para sentirse mejor y retomar la actividad sexual cuando el estado de ánimo cambie; aunque nunca está de más buscar una opinión profesional. Un psicólogo o sexólogo podrá ayudar a pasar más rápido el proceso, brindará las herramientas para aceptar las circunstancias y superarlas, así como a determinar si hay algo más profundo que se deba abordar.

Otros factores que pueden provocar disfunción eréctil psicológica -esos temas más profundos- pueden ser problemas de autoestima, complejos surgidos desde una edad temprana, el tedio con la pareja o una vida insatisfactoria.

Un buen principio es la comunicación con la pareja. Ella es la persona con la que debe haber más confianza; sincerarse de manera abierta y sin miedo, no sólo ayuda a desahogarse, sino a encontrar comprensión y apoyo para dar el paso hacía un cambio positivo, o bien, acudir a terapia.    

Cómo ayuda la terapia sexológica a curar la impotencia sexual

A pesar de toda la información que hay al respecto, todavía existen muchas barreras para considerar una terapia sexológica. Así como vamos al médico cuando nos duele el estómago o al oftalmólogo si no vemos bien, hay especialistas que curan las dolencias emocionales. No hay por qué sentir vergüenza si necesitamos ayuda con esto. 

En el caso concreto de la impotencia sexual psicológica, el terapeuta es el mejor guía para encontrar el origen del problema y solucionarlo. La mente puede esconder información que sólo un profesional puede encontrar, ya sea un evento traumático reciente o del pasado, la forma en que aprendimos a vernos a nosotros mismos desde la infancia o nuestros condicionamientos sobre las relaciones de pareja.

La función del psicólogo o sexólogo será acompañarnos en el proceso de volver a conectarnos con nuestras emociones, controlarlas o construir una mejor percepción de nosotros mismos.

Relájate y disfruta

Al igual que con los monjes tibetanos, la relajación es el principio básico para controlar nuestros pensamientos y en consecuencia, nuestro cuerpo.

La mente suele ser tramposa, nos hace ver como reales cosas que no son. Es importante entender eso: los pensamientos no son realidades.

Si ante el anuncio de una relación sexual dejamos que los pensamientos negativos se apoderen del momento, “no voy a poder, no voy a poder, no voy a poder”, es altamente probable que no podamos. Distraerse pensando “tengo que pagar colegiaturas”, “no me gusta mi cuerpo”, “otra vez pan con lo mismo”…no ayuda en nada al disfrute que nos proporciona el sexo. Existen técnicas de respiración, relajación y visualización muy efectivas para controlar la ansiedad. La asesoría sexológica, impartida por sexólogos especializados en conductas sexuales, será muy útil para crear nuevas dinámicas de pareja que combatan la rutina, concentrarse en el placer y explorar nuevos caminos para el erotismo. Este tipo de terapia, además de ser muy recomendable para solucionar la impotencia sexual psicológica, ayudará a fortalecer la relación de pareja.

Medicamentos para la impotencia sexual psicológica

También ayudan. Estados mentales como la depresión y la ansiedad, causan una baja de serotonina y otras sustancias químicas en el cerebro, encargadas del bienestar emocional. El médico, a través de los exámenes clínicos pertinentes, determinará si algún fármaco oral es la solución para esta disfunción. Los medicamentos son seguros siempre y cuando sean recetados por un médico calificado. Producen un efecto regulador sobre las sustancias químicas que nuestro mismo cerebro produce, permitiendo al paciente alcanzar un estado emocional óptimo para retomar su vida sexual. Es importante insistir en que, antes de usar cualquier medicamento o suplemento que promete hacer maravillas por la potencia sexual, se debe consultar a un médico. El uso de sustancias de origen desconocido o en dosis no recomendadas, puede agravar el problema y poner en peligro la salud, así que, está prohibido automedicarse.

Una buena dieta y actividad física

Parece obvio, pero precisamente por eso, muchos pacientes lo pasan por alto. El ejercicio produce endorfinas, los “químicos de la felicidad”. Está comprobado que el deporte es un buen amigo de la libido, ya que genera testosterona, despeja la mente y hace evidente la relación que existe entre ésta y nuestro organismo. Un cuerpo en buena condición nos hace sentir más seguros, atractivos, con más energía. Lo mismo pasa con una dieta balanceada, rica en proteínas, antioxidantes, fibra y todos los nutrientes que nuestro cuerpo y cerebro necesitan.

Lo más importante: disposición para estar bien

Abordar la impotencia sexual psicológica requiere de esfuerzo, disciplina, voluntad y un profundo deseo de estar bien. Tomar la decisión de buscar ayuda no es fácil, por eso debemos ser conscientes de las repercusiones que la mente tiene sobre nuestro cuerpo.

Cuando un individuo se fija metas y las cumple, hay una sensación de empoderamiento, autoconfianza, bienestar. Esto se refleja en todos los aspectos de la vida, incluyendo el desempeño sexual.

No es magia, es ciencia. Está demostrado que las creencias sobre nosotros mismos, influyen en la forma como nos sentimos y actuamos. El “pensamiento positivo” no es filosofía hipster, los científicos llevan siglos estudiándolo. Si te sientes joven, así te mantienes. Y no es que la mente borre las arrugas, pero sí es capaz de hacernos caminar derechos, divertirnos más, permanecer abiertos a los cambios y mantener el cerebro ágil.

Un evento deportivo ocurrido en la década de los cincuentas, es un buen ejemplo de cómo funciona la relación mente-cuerpo. En ese entonces, se creía que correr una milla en menos de 4 minutos, era imposible, ya que el cuerpo humano no estaba físicamente diseñado para alcanzar tal velocidad. Un corredor llamado Roger Bannister demostró lo contrario. Él desde luego no era un superhombre ni se le consideraba el atleta más destacado, pero sí era reconocido por el gran control psicológico que ejercía sobre sí mismo -años después se convirtió en neurólogo-. Él decía: “Aunque la fisiología impone límites al esfuerzo muscular, los factores psicológicos y mentales determinan cuánto se acerca un atleta a esos límites absolutos”. Bannister fue el primer atleta en recorrer la milla en menos de cuatro minutos. Este hombre demostró que un cambio en el estado mental, puede hacer que el cuerpo alcance metas que se creían imposibles.

De la misma forma, la impotencia sexual masculina, cuyo origen está en las emociones descontroladas, se puede curar dándoles un “restart”, modificando conductas, reprogramandose, poniéndolas en orden. En resumen, recuperando el autocontrol.

Acude con un experto en salud sexual masculina, él te asesorará sobre la mejor forma de tratar este problema y sin duda, podrás recuperar tu vida sexual.

Artículo avalado por Héctor Corredor, Médico Cirujano especialista en Urología con Maestría en Sexología Clínica, Director médico internacional en Boston Medical Group.

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