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¿A qué edad debe uno aceptar que sus erecciones no volverán a ser las mismas?

¿Es hora de perder la esperanza? ¿A qué edad debe uno aceptar que sus erecciones no volverán a ser las mismas?

 

No sabe uno bien si los años sólo pasan o también, llegado un punto, empiezan a pesar. Pasados los cuarenta nuestra vida empieza a llenarse de compañeros de viaje en forma de pequeños dolores o dolencias que uno se resigna a que están aquí para quedarse el resto de lo que esperamos sea un largo y feliz viaje.

 

La falta de rigidez en nuestra erección viene más de factores físicos que mentales, que sólo representan el 20% de los casos.

 

¿A qué edad, por ejemplo, empieza uno a acompañar movimientos como el sencillo levantarse de una silla con un ligero quejido necesario para culminar la operación? ¿Recuerda alguien la última vez que se levantó por la mañana sin dolor de espalda?

 

Presten atención

 

El caso es que tendemos a creer que a partir de cierta edad, dificultades como pueden ser la falta de firmeza en la erección son de lo más normal. Y no todos nuestros problemas son cosa de la edad. No debemos resignarnos a todo, sólo a lo que es imposible de evitar. Sí que es cierto que la respuesta eréctil puede ser menos rápida o perder cierta dureza con el paso de los años, pero no se tiene por qué sufrir pérdida de erección, ni parcial ni total. Eso no.

 

Algunos motivos de la falta de erección

Hay muchas razones para explicar una erección más blanda de lo habitual. Después de todo la existencia es una experiencia en apariencia simple pero de mecanismos muy complejos. La falta de rigidez en la erección viene más de factores físicos que mentales, aunque la mayoría crea que se trata de miedo, estrés, trauma, distracción o la pérdida del deseo, problemas emocionales o de pareja, estos factores sólo representan el 20% de los casos. En realidad, es el cuerpo el responsable: colesterol, presión arterial alta, azúcar alta, problemas hormonales, del sistema nervioso tanto central como periférico, problemas cardiovasculares o circulatorios, en las arterias del pene. Cualquiera de estos sospechosos habituales puede ser el responsable de la falta de firmeza y nunca está de más indagar cuál.

 

Aspectos para destacar

Lo primero, evidentemente, es descartar que el culpable es nuestro cuerpo y no uno de sus compadres externos: un mal hábito vital. Es de sobra sabido que el sobrepeso, la vida sedentaria, el tabaco, el exceso en el consumo de alcohol o el abuso de medicamentos y estupefacientes no ayudan a mantener en equilibro nuestra salud sexual, y el primer paso sería siempre revisar esta problemática con soluciones a veces tan sencillas como alejarnos del sofá y caminar 30 minutos al día como una operación básica en el mantenimiento de nuestra maquinaria.

 

Puesta en marcha nuestra estrategia de recuperación de la salud el siguiente paso consistiría en consultar con un experto y descartar posibles causas médicas: cualquier condición que afecte al estado de nuestros vasos sanguíneos puede provocarnos disfunción eréctil. La hipertensión, el colesterol o los problemas cardíacos se suman a los desequilibrios hormonales como culpables físicos habituales tras la pérdida de erección. Los problemas neurológicos también, por cierto, así que una vez descartados los primeros no está de más echarle un vistazo a estos.

 

Siempre consulta con un médico experto

Si el problema viene causado por la propia medicación que recetó un médico, es recomendable no suspender ningún tratamiento, sino buscar qué alternativa farmacológica o médica puede combinarse con él.

 

Una vez recuperado el control del cuerpo, si el problema persiste, pudiera deberse a factores psicológicos que, si bien puedes ignorar, no por eso dejan de ejercer su presión y peso. La vida moderna está llena de estrés, de angustia, de nuestros problemas por resolver en el día a día. Si son capaces de dejarnos sin energía también lo son de arrebatar la erección por la cantidad de cortisol y adrenalina que se segrega.

 

La falta de seguridad en uno mismo, el miedo al fracaso, la baja autoestima y la depresión también están ahí para interferir con la capacidad para excitarnos y bloquear toda posible sensación erótica.

 

También, por qué no, podría deberse a la simple torpeza, a que el sexo al que estamos acostumbrados en realidad no nos diga gran cosa. El sexo tal y como se supone que es “normal”, no es para todos. Todos tenemos nuestros resortes y particularidades sexuales y ajustarnos a la sexualidad del entorno no siempre pone en marcha nuestra máquina. Es importante establecer un diálogo de consenso con nuestra/s pareja/s para que se tengan en consideración los deseos y fantasías de ambos, si es que ambos nos consideramos con derecho a disfrutar. Si la situación no nos pone “calientes” es difícil que la erección acompañe.

 

Consideraciones finales

Una relación de pareja saludable debe de hacer sitio para la comunicación tanto verbal y emocional como sexual. La sexualidad de uno solo no es la misma que la sexualidad dentro de una pareja, y debemos servirnos de nuestra curiosidad tanto para resolver problemas como para descubrir qué nos gusta a cada uno.

 

Es fundamental, quizás lo más importante, saber que los problemas se pueden resolver, que existen tratamientos farmacológicos si fuesen necesarios, y también psicológicos. Que cada caso tiene particularidades únicas que deben analizarse como tales para dilucidar la causa tras la pérdida de firmeza, pero nunca resignarse y aceptarlas como inevitables porque no tiene por qué ser así. 

 

¡Muchas gracias por tu lectura!

 

Artículo avalado por Héctor Corredor, Médico Cirujano especialista en Urología con Maestría en Sexología Clínica, Director médico internacional en Boston Medical Group.

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