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Trastornos sexuales provocados por las drogas

Hace unos años, mezclar sexo y drogas parecía algo reservado sólo a los rock stars de los 80. Hoy es una práctica bastante común entre jóvenes universitarios o en hombres que tienen sexo con hombres. Desde luego no se puede generalizar, pero es bien sabido que, entre estos grupos, las personas están más abiertas a experimentar y vivir nuevas experiencias -sexuales-. El Chemsex, conjunción de las palabras ‘chemical’ y ‘sex’, que describe el uso intencionado de drogas psicoactivas para mantener relaciones sexuales por horas o días con múltiples parejas, es sólo un ejemplo. Las prácticas sexuales en un estado de conciencia alterado por drogas, no se consideran trastornos como tal; las consecuencias derivadas de éstas, sí. Las drogas siempre tienen efectos secundarios, ya sean psicológicos, físicos o en la función sexual. Estos son los principales trastornos sexuales provocados por las drogas y podrás ampliar mucho más este tema aquí. 

¿A qué se denomina trastorno sexual?

Entendamos trastorno como sinónimo de disfunción o alteración. En este artículo el término se usará a manera de descripción médica:

“Alteración en el funcionamiento de un organismo o de una parte de él o en el equilibrio psíquico o mental de una persona.” (Oxford Languages).

Los trastornos que las drogas causan en la función sexual son sumamente variables. No hay un patrón que pueda guiar ni a los usuarios ni a los especialistas sobre las repercusiones que las sustancias químicas tendrán en la vida sexual de las personas.

Afirma el sexólogo Santiago Frago (Zaragoza, España), que

“no hay efectos generales sexuales de las drogas, sino particulares derivados de la singularidad y personalidad de los individuos y del efecto de las mismas a corto, medio o largo plazo. El tipo de consumo constituye una variable fundamental al evaluar el efecto de las drogas para con la respuesta sexual. No es lo mismo un consumo fortuito que intermitente, ocasional, habitual o compulsivo. Lo realmente preocupante de las drogas no es tanto la adicción física y psicológica que acarrean, sino las personalidades compulsivas cuyos comportamientos obligan a ciertas personas a realizar algo que va en contra de sus intereses y que no pueden evitar hacerlo; sin olvidar la tendencia al policonsumo”.

Ya sea al probar por primera vez una sustancia o incrementar la cantidad y la frecuencia en el consumo de ésta, no tenemos idea de cómo va a reaccionar el cuerpo tanto de forma inmediata como a largo plazo. Podría ir desde una sensación de somnolencia y relajación hasta la pérdida de control de nuestros actos por aturdimiento o exceso de euforia. Pero el denominador común es la pérdida de juicio. “¿Y qué hice anoche?”, preguntarás a tus amigos. “Ni idea, todos andábamos igual.”

Muchas veces, especialmente entre los jóvenes y adolescentes, la única referencia que se tiene del efecto de tal o cual droga para tener sexo, es lo que cuentan los amigos o lo que se dice por ahí. Y se lanzan a la aventura sin demasiada información. Con suerte, vivirán una experiencia “diferente”; si no son tan afortunados, podrían terminar en urgencias del hospital.

Los efectos sobre la sexualidad, ¿cambian según la droga? 

Sin duda. Digamos que las drogas que no son de prescripción médica -las que se usan para la fiesta-, pueden clasificarse en dos grandes grupos: las que relajan y las que producen euforia, pero ambas, desinhiben. Y como esa sensación nos gusta, incrementamos el consumo. La dopamina -neurotransmisor que activa el sistema de recompensas y la gratificación inmediata- se eleva y la fiesta se sale de control.

Explica Daniel Anadón Mateo, psiquiatra de la Clínica de Nuestra Señora de la Paz (Madrid), “la tendencia actual es consumir drogas del segundo tipo (euforizantes), ligadas, por lo general, a prácticas sexuales masivas y con menos vínculo emocional”, lo cual no sería necesariamente malo, de no ser por el altísimo riesgo de contraer una enfermedad de transmisión sexual, empezar a padecer problemas de erección, eyaculación precoz o pérdida de interés en el sexo (ausencia de deseo sexual), entre otros trastornos sexuales provocados por drogas.

El portal Cuídate Plus publica una revisión de los efectos secundarios negativos para la sexualidad de algunas de las drogas más populares para mezclar con sexo.

1.Alcohol. Hay quien no lo considera propiamente una droga, pero sí lo es, puesto que altera el estado de conciencia y actúa a nivel cerebral. Cuando nos tomamos unas copas (en cantidad moderada) es posible que creamos que el deseo sexual aumenta. Desde luego es una ilusión, ya que el alcohol no tiene propiedades afrodisíacas. Lo que ocurre es que nos relajamos. Pero la realidad es que el exceso de alcohol en el cuerpo produce problemas de erección, dificulta la llegada al orgasmo (eyaculación retardada) o nos hace perder el control de nuestros impulsos y reflejos, como el eyaculatorio (eyaculación precoz). Y mientras más alcohol y más frecuente el consumo, mayores serán las afectaciones al organismo: hígado, páncreas, riñones, cerebro, corazón, intestinos; sin dejar pasar las consecuencias psicológicas que pueden ser igual de graves.

Los efectos del alcohol en el cuerpo cambian con el tiempo. Inicialmente, produce sensaciones de relajación y “alegría”, pero el consumo posterior puede llevar a tener visión borrosa y problemas de coordinación. Las membranas celulares son altamente permeables al alcohol, por eso, cuando esta sustancia está en el torrente sanguíneo, se puede esparcir en casi todos los tejidos. 

Cuando el alcohol llega a la sangre (entre 30 y 90 minutos después de ser ingerido) se produce una disminución de los azúcares presentes en la circulación de la sangre, lo que provoca una sensación de debilidad y agotamiento físico. (Wikipedia).

Asimismo, el consumo de alcohol afecta gradualmente las funciones cerebrales y altera la acción de los neurotransmisores, lo que complica los procesos de respuesta sexual.

Cuídate Plus también indica que, en dosis de moderada a altas, el alcohol no sólo es neurodepresor, sino que “a largo plazo disminuye la testosterona, la hormona de crecimiento y aumentan los estrógenos”. Masters y Johnson -sexólogos que identificaron las fases de la respuesta sexual humana- descubrieron que concentraciones muy bajas de alcohol tienen un suave efecto intensificador del deseo, la excitabilidad y la erección, pero con concentraciones más altas, las erecciones se dificultan y la eyaculación se retarda.  

Daniel Anadón añade que:

“el consumo de alcohol hace que disminuyan las neuronas hipotalámicas que producen la oxitocina, implicada en la respuesta sexual de ambos sexos”.

2.Cocaína. Una de las grandes favoritas para combinar con sexo. Esto puede deberse a que su uso ocasional puede incrementar las sensaciones corporales. Sin embargo, consumida en grandes cantidades y de forma habitual, es el camino directo a la disfunción eréctil, la pérdida de deseo, priapismo y el muy alto riesgo de accidentes cerebrovasculares o infarto.

Según un estudio del psiquiatra estadounidense James Cocores (1988), el porcentaje de hombres que padecen trastornos sexuales -concretamente disfunción eréctil- por el consumo de esta droga, es superior al 60%. 

3.Anfetaminas y sus derivados. Dopamina al 1000%. Además de los ya conocidos efectos de esta droga (insomnio, falta de apetito y taquicardias). Quien las consume, puede experimentar sensaciones de “mayor poder sexual”. Pero ¡cuidado con el efecto rebote!

Un estudio publicado en The Journal of Sexual Medicine sobre la relación entre las anfetaminas y el sexo, que contó con la participación de 1.159 hombres que tomaban anfetaminas además de un grupo de control con hombres sanos, reveló que “la mitad de los usuarios afirmó no haber sufrido ningún menoscabo en sus funciones sexuales; la otra mitad, informó de consecuencias tanto positivas como negativas: una reducción en la rigidez de la erección, una mayor intensidad en el orgasmo y necesidad de mayor tiempo para conseguir eyacular. Común a todos era la disfunción eréctil. En comparación con los 211 sujetos de control, los consumidores de anfetaminas tenían el doble de probabilidades de sufrir disfunción eréctil”, concluyó Bang-Ping Jiann, líder del estudio.

4.Heroína. En un trabajo denominado “Drogas y sexualidad: grandes enemigos” publicado en la Revista Cubana de Medicina general integral, se afirma que, si bien el uso de la heroína y derivados del opio puede estimular fantasías sexuales, el grado de excitación y la frecuencia del orgasmo disminuyen debido a los efectos depresores que estas drogas tienen sobre el sistema nervioso. En un estudio de 100 adictos a la heroína (hombres), el 61 % afirmó que el impulso sexual había disminuido y el 39 % afirmo ser impotente, no sintiendo ningún interés por el sexo.

5.LSD. Si eres fan de The Beatles habrás oído hablar del Dietilamida del Ácido Lisérgico. Por tener las mismas iniciales de la canción de este grupo, Lucy in Sky with Diamonds, también es una forma en que los jóvenes llaman a este ácido que se consume de forma oral y tiene montones de “nombres clave” tanto en inglés como en español: acid, sugar cubes, white lightning, dose, tripping, blotter, ácido, bicho, sello, ajo, barman, terrón de azúcar, micro-punto, papel, “tripi”, Superman, soles o zen.

Es una droga básicamente alucinógena. Debido a las alucinaciones que produce, la experiencia sexual es confusa y difusa. ¿Qué caso tiene mantener relaciones sexuales sin estar presente? 

Además, su uso continuo provoca ansiedad, pánico y repetición de los primeros efectos, lo que afecta la sexualidad. El LSD altera la capacidad de juicio y el comportamiento de la persona, por lo que sus consumidores pueden ponerse a sí mismos en situaciones de peligro.

Los efectos físicos que produce esta droga son elevación de la presión arterial, aumento de la frecuencia cardíaca, temblores y sacudidas musculares, dilatación de las pupilas, sudores, insomnio y pérdida del apetito.

Algunos consumidores de esta droga afirman que “el LSD distrae mucho y los viajes son demasiado raros como para que les den ganas de coger.” (Vice).

Consideraciones finales

A pesar de todo lo que ya sabemos sobre los trastornos sexuales causados por drogas, hace falta investigar mucho más al respecto. Al no haber suficiente información, drogarse para tener sexo es sumamente peligroso. Si bien es cierto que cada persona vive su propia experiencia cuando combina sexo y drogas y ésta puede ser buena o mala, los datos científicos no mienten.

Los trastornos sexuales como disfunción eréctil, eyaculación precoz, anorgasmia o ausencia de deseo, pueden venir de la mano con las sustancias químicas. Además, las probabilidades de contagiarte de una enfermedad de transmisión sexual se elevan potencialmente cuando a la fiesta de sexo, se añaden psicotrópicos.

Nuestra recomendación inicial es promover el NO consumo de sustancias psicoactivas por su efecto deletéreo en tu salud, pero de  igual manera respetamos tu decisión, si al final tienes dudas sobre cómo puede reaccionar tu cuerpo con la mezcla, en caso de notar algún cambio en la esfera sexual, te sugerimos visitar a un especialista en salud sexual masculina para que te oriente sobre el proceso y cómo afectan estos componentes a tu salud y tu sexualidad. 

Después de una extensa revisión de literatura sobre drogas y sexo, las autoras del artículo antes mencionado, Drogas y sexualidad: grandes enemigos, determinaron que, en el sexo masculino se presentaron disminución de los niveles de testosterona, disminución en la producción de espermatozoides, disfunción eréctil, disminución del deseo sexual, infertilidad, aumento del tamaño de la próstata en caso de uso de esteroides y retardo en la eyaculación.

En las mujeres, se identificaron síntomas como la “alteración del ciclo menstrual, y por tanto, por trastornos en la ovulación, la disminución del deseo sexual, la anorgasmia, la disminución de la lubricación vaginal, el bloqueo de la respuesta sexual, la disfunción sexual, y la infertilidad.”

El sexo es muy placentero en sí mismo. No necesitamos “aderezarlo” con sustancias cuyos efectos desconocemos. 

Si necesitas ayuda no dudes en solicitar asesoría experta en el tema, podemos ayudarte con mucho gusto. Clic aquí.

¡Hasta pronto!

Artículo validado por el Dr. Jesse Jarrod Jimenez, Médico Especialista en Cirugía General, Urología, Andrología y Medicina Sexual de Boston Medical Group en México, Monterrey. 

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