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¿Puede la adicción al sexo ser un riesgo para la salud?  Conoce las consecuencias y cómo tratarlo aquí

La adicción al sexo se puede definir como una preocupación excesiva y constante por fantasías, impulsos o conductas sexuales, difícil de controlar. Lo mismo que cualquier otra adicción, produce angustia, ansiedad y afecta terriblemente la salud, el trabajo y las relaciones interpersonales, entre otros aspectos de la vida. La adicción al sexo puede ser un severo riesgo para la salud. Estas son las consecuencias y en este artículo te explicaremos cómo puedes tratarlo.  ¡Comencemos con el tema del día!

Conducta sexual compulsiva

La conducta sexual compulsiva, también llamada «hipersexualidad», «trastorno de hipersexualidad» o «adicción sexual» se genera como cualquier otra adicción: el cerebro libera grandes cantidades de dopamina, la sustancia de la recompensa y gratificación, lo que nos hace querer repetir la conducta que produce ese neurotransmisor y la sensación de “placer” constante.

¿Qué pasa en el cerebro de un adicto?

Suena simple, pero las adicciones son mucho más complejas de lo que parecen. En su libro “El pensamiento adictivo”, Abraham Twerski, psiquiatra especializado en abuso de sustancias, revela cómo el pensamiento “autoengañoso” puede minar la autoestima y amenazar la sobriedad de las personas en recuperación.

El doctor Twerski se centra en los aspectos críticos del pensamiento adictivo para explicar de forma sencilla, cómo funciona el cerebro de un adicto. 

Erróneamente pensamos que los adictos a las drogas, alcohol o al sexo, lo son por carecer de principios morales o fuerza de voluntad; lo que haría posible abandonar su sustancia simplemente tomando la decisión de parar. 

Las adicciones son más difíciles de tratar que eso; se requiere más que el propósito de hacerlo. La dopamina que generan las drogas o en este caso, la adicción al sexo, modifican la química cerebral, de tal manera que dejar la “sustancia” es sumamente difícil.

El National Institute on Drug Abuse (NIDA)  explica que “el sistema de recompensa del cerebro (el que genera dopamina), controla la capacidad del cuerpo de sentir placer y motiva a la persona a repetir las actividades necesarias para prosperar, tales como comer y pasar tiempo con sus seres queridos”, lo que es normal. 

Sin embargo, la sobreestimulación de este circuito de recompensa, también puede producir un estado de euforia intensamente placentero (“high” o “subidón”) que puede llevar a consumir la sustancia o repetir la conducta compulsivamente. 

El cerebro entonces empezará a disminuir la producción natural de dopamina y reducir la capacidad de las células del circuito de recompensa de reaccionar a ella para ajustarse al exceso del neurotransmisor. 

“Esto disminuye la euforia que la persona siente en comparación con lo que sintió la primera vez que consumió la droga, un efecto conocido como tolerancia. Es probable que consuma más droga en un intento de sentir la misma euforia. También puede suceder que sienta menos placer con otras cosas de las que antes disfrutaba, como comer o realizar actividades sociales”, indica NIDA.

Por otra parte, las adicciones a largo plazo modifican otros sistemas químicos y circuitos del cerebro, afectando funciones como el aprendizaje, el criterio, la capacidad de tomar decisiones, la memoria, el comportamiento, e incluso, la regulación del estrés.

La adicción al sexo

La conducta sexual compulsiva o adicción al sexo puede comprender una variedad de experiencias sexuales que, en un estado normal, serían simplemente agradables o placenteras, como la masturbación, el “cibersexo”, la promiscuidad, el consumo de pornografía o pagar por sexo. 

Pero cuando estas prácticas sexuales se vuelven algo esencial o prioritario en tu vida, al grado de descuidar todos los demás aspectos, son sumamente perjudiciales para ti o para tu círculo familiar y social, es decir, se vuelven conductas sexuales compulsivas.

Las adicciones destruyen vidas, autoestima, relaciones, carreras y sobre todo, la salud; no sólo del adicto, sino de otras personas. Pensemos en un ludópata (adicto al juego) que lleva a la quiebra su propio negocio o las finanzas familiares por no poder controlar su impulso de apostar. 

La buena noticia es que, al comprender cómo funciona el cerebro adictivo, es posible controlar conductas como la adicción al sexo a través de la terapia y el uso de ciertos medicamentos.

No soy adicto al sexo, sólo busco placer

A todos (o a casi todos) nos gusta el sexo. Pero, no nos engañemos, sí es posible diferenciar el gusto exagerado por algo, de una adicción.

El orgasmo -que se genera en el cerebro-, se manifiesta físicamente en los genitales. A diferencia de los animales, cuya sexualidad es totalmente copulatoria, la sexualidad humana es “masturbatoria”, es decir, está ligada a la fantasía, la imaginación y al placer. 

En los seres humanos, la activación del deseo es compleja, ya que nuestra libido no depende de ciclos definidos de celo. Experimentamos el deseo sexual con base en construcciones mentales y culturales que dan lugar a las reacciones físicas. Así es como nace el deseo sexual en el cerebro de los hombres.

Desde el punto de vista fisiológico, la secuencia de eventos está muy bien identificada (respuesta sexual humana, Masters y Johnson), y va activando distintas partes de arriba hacia abajo: el cerebro, la médula espinal y los genitales, hasta llegar al orgasmo o eyaculación, en el caso de los varones. Puedes leer más aquí: Fases de la excitación masculina

Pero resulta que, para los humanos, el acto sexual está cargado de significados y ligado a las emociones. En una conducta compulsiva como es la adicción al sexo, las emociones y el significado desaparecen, se vuelve sólo una reacción química producida por las hormonas. 

La diferencia entre una conducta sexual sana y satisfactoria es que, a la larga, la adicción al sexo deja de ser placentera por la enorme cantidad de repercusiones psicológicas y físicas que se derivan de la compulsión.

La adicción al sexo, según explica Boston Medical Group, “se caracteriza por la ausencia de control sobre el impulso sexual. Ante la fuerte irrupción del deseo producto de un pensamiento, un estímulo físico interno o externo, no hay posibilidad de freno: la actividad sexual o masturbatoria es incontenible, sea cual sea el contexto, incluso si resulta claramente inapropiada o perjudicial”.

La hipersexualidad se presenta mayoritariamente en hombres (satiriasis), aunque también la padecen las mujeres (ninfomanía). 

En resumen, una persona con deseo sexual elevado, aunque necesite de una frecuencia alta de masturbación o coito (a veces diariamente), sí tiene un control voluntario de ese impulso sexual, es decir, puede elegir cuándo, cómo y con quién hacerlo, sin que el sexo sea fuente de perturbaciones en su vida. 

Además, las relaciones sexuales son percibidas como satisfactorias, relajantes y libres de cualquier sentimiento de culpa.  En cambio, la adicción al sexo es una patología que afecta seriamente a la persona, tanto a nivel psicológico como de salud física, ya que carece de control.

¿Cómo sé si soy adicto al sexo?

De acuerdo con Mayo Clinic, estos son algunos indicios o síntomas de una posible conducta sexual compulsiva:

  • Fantasías, conductas sexuales e impulsos intensos y recurrentes que consumen mucho tiempo y no se pueden controlar.
  • La persona se siente atraída a mantener ciertas conductas sexuales, posteriormente, experimenta una liberación de tensión, pero acompañada de culpa o remordimiento.
  • Existe un intento de reducir o controlar las fantasías, impulsos y conductas sexuales sin éxito.
  • Se usa la conducta sexual compulsiva para escapar de otros problemas, como la soledad, la depresión, la ansiedad o el estrés.
  • A pesar de conocer y padecer las consecuencias graves de una conducta sexual desbordada (enfermedades de transmisión sexual, pérdida de relaciones importantes, problemas en el trabajo, complicaciones económicas o problemas legales), se continúa teniendo comportamientos sexuales compulsivos y riesgosos. 
  • Establecer y mantener relaciones saludables y estables, se vuelve prácticamente imposible.

 

También existen factores de riesgo que pueden indicar que el sexo es una adicción, como el uso de drogas recreativas que producen dopamina (cocaína, éxtasis, metanfetaminas, entre otras) o el uso de fármacos agonistas dopaminérgicos para controlar los síntomas de la enfermedad de Parkinson. De esto hablaremos más adelante.

Como pasa con todas las adicciones, es indispensable buscar ayuda profesional si sientes que has perdido el control de tu conducta sexual y ésta afecta a otras personas. Ten en cuenta que la adicción al sexo no se cura sola, de hecho, suele empeorar con el tiempo.

Mayo Clinic recomienda responder a algunas preguntas para decidir si se requiere ayuda 

  • ¿Puedo controlar mis impulsos sexuales?
  • ¿Mis conductas sexuales me provocan ansiedad?
  • ¿Mi conducta sexual daña mis relaciones, afecta mi trabajo o provoca consecuencias negativas, como quedar detenido?
  • ¿Trato de ocultar mi conducta sexual?

Hipersexualidad en personas con Parkinson

El Parkinson es una enfermedad neurodegenerativa causada por niveles anormalmente bajos del neurotransmisor dopamina. 

En personas con Parkinson, parte de las neuronas que producen dopamina se desconectan o mueren de forma progresiva. Este químico cerebral se relaciona con el movimiento y las sensaciones de gratificación y placer, además de ser indispensable para las erecciones, ya que estimula la liberación de óxido nítrico, entre muchas otras funciones. 

Cuando los niveles de dopamina son insuficientes, la persona experimenta dificultad para controlar la función motora (temblores), desgano, depresión y en el plano sexual, ausencia de deseo y disfunción eréctil. 

Sumado a la distribución deficiente de dicho neurotransmisor, está el estado anímico generado por un diagnóstico de una enfermedad devastadora. La depresión y los cambios de humor son frecuentes ante la noticia de un padecimiento degenerativo y discapacitante que nos cambiará la vida.

La enfermedad de Parkinson no tiene cura, pero los síntomas se controlan con medicamentos dopaminérgicos. Sin embargo, la dopamina sintética tiene efectos secundarios que influyen en la vida sexual del paciente.

Además de las limitantes sexuales de la enfermedad de Parkinson como son dificultad para ejecutar el coito, disfunción eréctil, eyaculación precoz o deseo sexual hipoactivo, existe una grave complicación llamada hipersexualidad, generada por los fármacos agonistas dopaminérgicos que dejan una mayor cantidad de dopamina disponible en el cerebro.

Aunque estos medicamentos mejoran considerablemente los síntomas, con el tiempo, los beneficios disminuyen, ya que el Parkinson es una enfermedad degenerativa.

La hipersexualidad es un aumento exacerbado de la libido que el paciente antes no tenía, y puede llevar a comportamientos socialmente inapropiados como el consumo de prostitución, de pornografía o masturbación excesiva.

Cabe aclarar que no a todos los pacientes les pasa, ni con la misma intensidad. Según la Parkinson’s Foundation “los comportamientos impulsivos seriamente discapacitantes pueden ocurrirle a entre el 3 y el 5% de los pacientes con enfermedad de Parkinson, independientemente de la etapa en la que se encuentren.”

Si se presenta este efecto secundario de la medicación, se debe informar al médico sin sentir vergüenza. Algunos medicamentos dopaminérgicos contribuyen o causan el desarrollo de trastornos del control de impulsos. El médico tratante debe informar de esta posibilidad al paciente, sus cuidadores y familiares antes de asignar el tratamiento con dopamina. 

Las personas con Parkinson medicadas con altas dosis de dopamina, suelen buscar la gratificación en conductas expansivas como el sexo, los juegos de azar, la comida o el abuso de sus propios medicamentos. 

Según la Parkinson’s Foundation, con frecuencia, se presenta más de un trastorno del control de impulsos a la vez, además de síntomas psicóticos como alucinaciones, delirios, cambios bruscos en el estado de ánimo (depresión o ansiedad) e incluso, pensamientos suicidas.

Hipersexualidad

La hipersexualidad, concretamente, puede manifestarse con pensamientos impertinentes, comentarios inoportunos de tipo sexual o comportamientos sexuales explícitos. 

También puede haber una mayor exigencia de actividad sexual con la pareja o con otras personas y hábitos que antes no existían, como la adicción a la pornografía, pagar por sexo, sexo virtual o parafilias como exhibicionismo, travestismo o sadomasoquismo. 

La hipersexualidad suele ir acompañada de otras conductas perturbadoras como irritabilidad, ira, inestabilidad del ánimo e interrupción del sueño.

En casos severos de trastornos del control de impulsos, la solución podría ser retirar el medicamento progresivamente o probar tratamientos alternativos. Si quieres ampliar más el tema sigue este enlace: ¿Cómo se relaciona el Parkinson y sus medicamentos a la sexualidad masculina?

Chemsex, la adicción al sexo y a las drogas son un riesgo para la salud

Hemos publicado en este blog varios artículos sobre el chemsex, fiestas blancas, y otros peligros de mezclar sexo y drogas.

Retomaremos apenas unos puntos importantes relacionados con la adicción al sexo y sus riesgos para la salud. Chemsex es la unión de las palabras “chemical” y “sex”; describe el uso intencionado de drogas para mantener relaciones sexuales por horas o días con múltiples parejas. 

Las prácticas sexuales en un estado de conciencia alterado por drogas, puede tener consecuencias tan serias como enfermedades de transmisión sexual (ETS), adicción a las sustancias utilizadas, abuso sexual o adicción al sexo, entre muchas otras.

El perfil de usuarios de esta práctica es principalmente de hombres gays, bisexuales y otros hombres que tienen sexo con hombres, grupos de por sí propensos no sólo a contraer enfermedades de transmisión sexual en prácticas sexuales de riesgo, sino a factores psicosociales como discriminación o la autoaceptación.

A esto sumemos el consumo de drogas altamente adictivas y fármacos vasodilatadores. El resultado es un cocktail que lleva directamente al desastre. La convocatoria a estas fiestas de sexo y drogas, se hace a través de apps, lo mismo que la compra de sustancias, la mayoría de éstas, ilegales. Imaginemos la cadena interminable de desconocidos que se cruzan en el camino y con los que se compartirá sexo, drogas -varias inyectables- y alcohol. 

Es casi inevitable que, ya “enfiestados”, se desvanezcan los límites de la prudencia, el sentido común, la prevención y el cuidado de la salud.

La probabilidad de transmisión del VIH y otras ETS, así como de problemas psicológicos y complicaciones de salud en general, se potencia a mil. 

Las sustancias que más se utilizan en el chemsex son metanfetamina, mefedrona, poppers, GHB/GBL, éxtasis, ketamina o cocaína, todas potenciadoras de la desinhibición y generadoras de dopamina.

Estas drogas son altamente adictivas, al igual que el sexo. Al producir sensaciones de placer y gratificación inmediata, la persona tiene una gran tendencia a desarrollar dependencia tanto de unas como del otro. 

Lo que sigue es una espiral de consumo autodestructivo del que sólo se puede salir con ayuda profesional y un largo proceso de terapia y desintoxicación. 

La pornografía, el camino directo a la adicción al sexo

Uno de los comportamientos sexuales compulsivos más comunes, es la afición a la pornografía, tan “a la mano” en sitios web especializados y videos que venden hasta en los mercados. 

Las consecuencias de la adicción al material erótico son, desde luego, la adicción al sexo y otros problemas como disfunción eréctil y eyaculación precoz.

Se cree que mirar videos sexuales no pone en peligro la salud, ya que sólo se trata de excitarse, pero todo en exceso es malo. Las consecuencias pueden ir desde una autoestima baja al no alcanzar los estándares impuestos por el porno, hasta la adicción al sexo.

Cuando la sexualidad se sale de control y los comportamientos son producto de un impulso más que de una decisión consciente, el individuo experimenta toda una serie de desórdenes en diferentes áreas de su vida: sentimientos de culpa, baja autoestima, ansiedad, depresión, conflictos graves de pareja, problemas económicos, dificultades en el trabajo y las relaciones sociales, infecciones de transmisión sexual, entre otros.

Un estudio publicado en The Journal Sexual of Medicine (2021) que realizó un análisis de campo con más de 900 hombres heterosexuales de entre 18 y 40 años encuestados en línea, reveló la relación directa que existe entre la pornografía y distintas disfunciones sexuales. 

La investigación concluyó que el consumo de pornografía no provoca una disfunción sexual por sí sola, más bien una percepción de mayor adicción hacia la misma se relaciona con un desempeño sexual negativo. En este sentido, el consumo excesivo de pornografía puede afectar la vida sexual de las personas, pero de ninguna manera es el único factor excluyente que influye a una disfunción sexual”. 

Te invitamos a continuar leyendo aquí: Pornografía y eyaculación precoz. ¡Conoce estos datos muy sorprendentes!

¿Puede la adicción al sexo ser un riesgo para la salud? 

Como hemos visto a lo largo del artículo, la adicción al sexo es en sí, un problema de salud con graves consecuencias a nivel físico y mental.

Como todas las adicciones lo más difícil, es aceptar que uno lo padece. Es más probable que quienes nos rodean, llámese familia, pareja, amigos o entorno laboral, sean quienes lo noten y lo señalen.

El adicto defiende su sustancia o comportamiento por sobre todas las cosas, pues cree que su vida depende de ello. De una adicción no se sale hasta tocar fondo y hay quienes no lo tocan nunca.

Ante un problema tan complejo y difícil de abordar como es la adicción al sexo, sólo la intervención de un profesional de la salud mental puede ayudar al paciente y sus familiares.

Consecuencias y cómo tratarlo

Como ya dijimos, la adicción al sexo destruye vidas. Para empezar, hace imposible sostener una relación de pareja saludable, tanto por las presiones de tener sexo permanentemente, como por las constantes infidelidades o incluso las infecciones de transmisión sexual que pudieran contagiarse. 

El comportamiento sexual compulsivo, incontrolable y “sin filtros”, complica las relaciones sociales, laborales o cualquier otro proyecto de vida, al verse el paciente privado del razonamiento.

Los adictos al sexo son personas que viven con altos niveles de culpa, vergüenza y angustia al no poder controlar sus impulsos sexuales. Ellos no disfrutan del sexo, lo sufren, lo que afecta seriamente a su autoestima. No es raro que la situación se vuelva tan grave, que la persona caiga en depresión, sufra ataques de ansiedad o incluso el suicidio. 

En la conducta sexual compulsiva, de acuerdo con Mayo Clinic, la necesidad permanente de sexo (como pasa con otras adicciones) y la insatisfacción sexual, es lo que caracteriza este trastorno con consecuencias como:

  • Culpa, vergüenza y baja autoestima.
  • Trastornos de salud mental asociados como depresión, impulsos suicidas, angustia intensa y ansiedad.
  • Deterioro de las relaciones de pareja y/o familiares.
  • Se pierde el objetivo de las relaciones sexuales, que es la obtención de placer y la conexión emocional íntima y profunda. Esto se cambia por una falsa gratificación inmediata a través del sexo pagado, la búsqueda de pornografía en internet aun en sitios como el trabajo, masturbación excesiva o comportamientos y comentarios de carácter sexual fuera de lugar, imprudentes u ofensivos.
  • Daño a las finanzas por la compra de pornografía y el pago de servicios sexuales.
  • Enfermedades de transmisión sexual. 
  • Abuso de sustancias como drogas o alcohol.
  • Arresto por delitos sexuales.

Para tratar la adicción al sexo, hay que partir de las causas, que pueden ser muy diversas o estar ocultas

De acuerdo con Boston Medical Group, “hay varias líneas causales, y debemos considerar diferentes factores que forman parte de su etiología: abusos sexuales en la infancia, hiperestimulación sexual a temprana edad, baja autoestima con necesidad de demostrar la capacidad de atracción o rendimiento sexual”.

  • “Los duelos patológicos con sus alteraciones afectivas mal procesadas se consideran en algunos casos como causas de adicción sexual. También ciertos trastornos psicológicos, particularmente los trastornos de personalidad como el trastorno obsesivo compulsivo, el trastorno límite de la personalidad, y algunos trastornos del estado de ánimo como el de tipo bipolar.”
  • “Los estados de estrés, que suelen asociarse con hipoactividad sexual y disfunciones sexuales, también podrían producir adicción sexual aguda en algunas personas. Y desde el punto de vista médico las alteraciones neurológicas y neuroquímicas deben investigarse como causas potenciales”. 

En cuanto a las causales fisiológicas, Mayo Clinic indica: 

  • Desequilibrio de neurotransmisores (químicos) naturales del cerebro como serotonina, dopamina y norepinefrina. Los niveles elevados de estas sustancias pueden estar relacionados con la conducta sexual compulsiva.
  • Cambios en las vías cerebrales. La conducta sexual compulsiva puede provocar, con el tiempo, cambios en los circuitos neuronales del cerebro, especialmente en los centros de refuerzo (de conductas). 
  • Trastornos que afectan el cerebro como enfermedades neurológicas: epilepsia, demencia y desde luego, el tratamiento de la enfermedad de Parkinson, que ya mencionamos.

Consideraciones finales

La psicoterapia cognitivo-conductual es indispensable, pero no es suficiente, ya que no suele ser eficaz sin otras terapias de apoyo como psicofármacos indicados por el médico psiquiatra, redes de contención, grupos de autoayuda, psicoterapia de pareja y de familia. 

Las personas con otras adicciones, problemas graves de salud mental o cuyo comportamiento representa una amenaza para otros, pueden beneficiarse también con un tratamiento hospitalario. Para más información sobre la adicción al sexo, sus riesgos para la salud y alternativas de tratamiento, te recomendamos como siempre realizar una consulta con expertos en salud sexual masculina.

¡Hasta pronto!

Artículo avalado por Héctor Corredor, Médico Cirujano especialista en Urología con Maestría en Sexología Clínica, Director médico internacional en Boston Medical Group.

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