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¿Qué produce la falta de deseo situacional hacia mi pareja? ¿Cómo puedo solucionarlo?

La falta de deseo situacional se refiere a aquellas personas que no experimentan deseo sexual hacia su pareja, pero sí hacia otras personas. Claramente, el problema no es de causas físicas, sino emocionales. Los conflictos de pareja, la rutina o problemas psicológicos pueden provocar que no desees tener relaciones sexuales con tu compañera(o). ¿Qué produce la falta de deseo situacional hacia mi pareja? ¿Cómo puedo solucionarlo? En este artículo encontrarás las respuestas. ¿Nos acompañas?

 

¿A todos nos puede pasar?

Todas las personas experimentamos una disminución gradual del apetito sexual conforme envejecemos. En el caso de los hombres, es normal que haya una mengua en sus niveles de testosterona, sin embargo, ésta nunca es total, como ocurre a las mujeres en la etapa de menopausia.

De hecho, la mayoría de los hombres mantienen cierto interés en el sexo hasta la tercera edad. No hay límite. Un varón de 80 años puede seguir teniendo ganas, aún cuando su estado físico le impida tener erecciones firmes.

Falta de deseo

La falta de deseo sexual puede asociarse a muchos factores, ya sean orgánicos o psicológicos: depresión, estrés, consumo de sustancias (alcohol o drogas), bajos niveles de testosterona, enfermedades graves o crónicas, efectos secundarios de medicamentos o etapas de vida, como la famosa crisis de la mediana edad. 

Al ser un problema de salud sexual, la falta de deseo requiere atención profesional, ya sea del uroandrólogo o del psicoterapeuta, pero sobre todo, del sexólogo.

Es un hecho que la falta de deseo sexual tiene una prevalencia más alta en mujeres (entre 22 y 51%, según la etapa de vida) debido a la gran cantidad de cambios hormonales que experimentan en diferentes edades o situaciones (embarazo, menstruación, menopausia, envejecimiento). Pero en los hombres, estos cambios son poco notorios, por eso las causas de la falta de deseo son más difíciles de detectar.

El deseo sexual hipoactivo -como se llama médicamente- se clasifica en:

  • Primario. La persona nunca ha tenido interés o muy poco en el sexo. La capacidad de tener fantasías sexuales no está presente y las conductas con un fin sexual son muy escasas. Suele originarse en la adolescencia, pero empeora en la edad adulta.
  • Secundaria. Se refiere a aquellas personas que han tenido apetito sexual normal, pero pierden el interés repentinamente.
  • Generalizada. No se experimenta deseo por la pareja ni por ninguna otra persona.
  • Situacional. La falta de deseo sexual es sólo hacia la pareja, pero sí ocurre con otras personas.

En este artículo, nos centraremos en lo que produce la falta de deseo situacional hacia la pareja y cómo solucionar este problema, que podría significar el fin de una relación de no contar con ayuda profesional.

 

Resulta que un día, empezamos a poner pretextos: “estoy cansado”, “llegaré tarde del trabajo”, “vete a dormir, yo voy más tarde” “es que quiero ver este programa de televisión”.

 

Parece algo cotidiano, pero al repetirse noche tras noche, empezamos a preguntarnos ¿qué pasa?, ¿ya no hay amor?, ¿por qué ya no siento deseos de hacerle el amor?, ¿debo decírselo?

 

Calma, es normal sentirse desorientado, pero hay formas de solucionarlo si te abres al diálogo y si cuentas con la guía de un experto en salud sexual masculina.

 

Como ya mencionamos, las causas pueden ser muy diversas. Cuando la falta de deseo es situacional, depende tanto de las circunstancias individuales como del estado en que se encuentre la relación.

La falta de deseo hacia la pareja puede estar relacionada con la monotonía, discusiones constantes, poca atracción, estrés o que la otra persona no esté respondiendo sexualmente como uno espera.

¿Qué produce la falta de deseo situacional hacia mi pareja? 

Es probable que tú logres identificar algunas de las posibles causas. Si no es así, pide ayuda a un terapeuta para que te oriente. También es necesario hablar con tu pareja, ya que es algo que les afecta a ambos. Si hay amor, habrá voluntad de encontrar soluciones.

  • Estrés. Cuando estamos atravesando por ciertas situaciones de vida como problemas económicos, laborales, crisis existenciales o algún otro motivo de gran tristeza como la pérdida de un ser querido, es normal sentirse estresado al grado de no querer pensar en sexo. A veces no nos sentimos capaces de manejar tanta presión y podemos reaccionar con mal humor, ansiedad o desánimo. Puede que la pareja, al ser quien más cerca está de nosotros, sea quien la lleve. 
  • Crisis de pareja. “Porque se vuelven cadenas lo que fueron cintas blancas”, dice la canción. No es que el amor se acabe, pero las discusiones constantes, pueden llegar muchas veces hasta nuestra cama. ¿Quién quiere tener sexo con una persona con la que está disgustado? Cuando no existe una buena relación con la pareja y constantemente hay peleas, se genera un ambiente tenso que provoca el rechazo no sólo a nivel sexual, sino de forma general. 
  • Falta de estímulo o respuesta sexual de la pareja. Si una mujer está en etapa de menopausia, acaba de parir o está embarazada, tiene problemas emocionales o simplemente, no gusta del sexo, puede terminar alejando a su pareja. 

La anorgasmia, por ejemplo, es un trastorno sexual común en mujeres. Tal vez ella tenga el deseo, pero le es imposible alcanzar el orgasmo y la insatisfacción hace que rechace los estímulos de su compañero.

  • Monotonía. Esta es una de las causas más frecuentes de falta de deseo situacional. La relación se vuelve rutinaria, se pierden la novedad y la chispa. Llegamos a la cama con pijamas viejas y si hay sexo, es sólo por cumplir en la posición del misionero. Los años cambian las relaciones, pero no debemos llegar al grado de olvidar el romance. A una pareja se le conquista cada día. El buen sexo fortalece los lazos y la conexión íntima. Se puede seguir siendo creativo, divertido y sexy a cualquier edad.
  • Ya no hay atracción física. Está muy relacionado con lo anterior. ¿Tu pareja te ha dejado de gustar físicamente? Es posible que ambos -no sólo ella- hayan descuidado su aspecto, que hayan subido de peso o tengan más arrugas, canas y piel flácida. El amor es mucho más que la apariencia. Este es un tema que se puede y se debe hablar. Detrás de las líneas de expresión, está la persona de la cual te enamoraste. Si la miras con los ojos abiertos, te darás cuenta de que sigue ahí. 
  • Hay otra persona. Ese sí es un problema. Nadie está exento de enamorase de alguien más, especialmente cuando la relación de pareja no va bien. Al alargarse la expectativa de vida 20 años, los 40 son ahora la edad de las “segundas vueltas”: nuevas carreras, nuevas experiencias, nuevas relaciones. 

Las razones para continuar en una relación donde ya no hay amor o atracción, pueden ser muchas: los hijos, los condicionamientos sociales, la culpa, el dinero, etc. Pero si lo piensas bien, no es justo para nadie. Estás siendo feliz a medias y haciendo infeliz a otra persona. 

Toda elección conlleva una renuncia. Ya sea que decidas continuar con tu pareja o separarse para iniciar una nueva relación, debes ser honesto y decirlo, porque tarde o temprano, las cosas caerán por su peso. 

  • La llegada de los hijos. Independientemente de las hormonas de ella, es probable que el deseo sexual disminuya durante los primeros meses o años de un bebé. La crianza demanda mucho esfuerzo, especialmente en padres primerizos.

Tomará un tiempo adaptarse a un nuevo estilo de vida, donde ya no tienen tantas oportunidades para salir de copas o ir al cine. Esto puede ser sólo una etapa. A su favor, tienen la gran alegría de recibir a un nuevo miembro de la familia. 

  • Crisis de la mediana edad. ¿Por qué un hombre aún joven, que debería estar en la plenitud de su vida, deja de sentir deseo sexual por su pareja? En esta etapa, se supone que ya tenemos casi todo resuelto: una profesión exitosa, estabilidad económica, vida familiar, seguridad y madurez emocional para manejar las dificultades de la vida… o tal vez no. 

 

La famosa “crisis de los 40” puede venir acompañada de un gran desasosiego y cuestionamientos como ¿mi vida es como yo la quería?, ¿soy realmente feliz?, ¿he alcanzado mis metas?, ¿soy exitoso?, ¿estoy criando bien a mis hijos?, ¿sigo siendo atractivo?, ¿me faltó vivir experiencias cuando era soltero?

 

La juventud suele asociarse con la belleza, el poderío sexual, energía, futuro, masculinidad, etc. La madurez, por el contrario, lleva una gran carga de rechazo social. Es el declive, el principio del fin, y lo que no hagas ahora, ya no lo hiciste nunca.

 

Por eso es que a muchos hombres les da “un segundo aire” y deciden poner a prueba su virilidad.

 

A los 40 llevamos ya un rato luchando por alcanzar metas, atendiendo a los demás, centrándonos en el trabajo y con tantos deberes, que nos hemos olvidado de nosotros mismos; ya no hay algo que nos motive en lo individual. 

 

Autoestima en la falta de deseo

La autoestima empieza a bajar, junto con el nivel de testosterona, y por si fuera poco, la pareja cae en la rutina. 

 

La disminución del deseo y de la potencia sexual es normal a esta edad, pero si empezamos a compararnos con nuestro yo de 20 años, vamos a salir perdiendo.

 

Estos cambios son muy fuertes a nivel psicológico y pueden reflejarse en la falta de deseo situacional -porque con otras personas, existe el estímulo de la novedad-. A esta gran preocupación por el desempeño sexual en la mediana edad, los sexólogos la llaman “ansiedad por ejecución”. 

¿Cómo puedo solucionar la falta de deseo situacional hacia mi pareja? 

Seamos honestos, la falta de deseo hacia la pareja es un problema ¡de pareja! Esto no quiere decir que sea culpa del otro, sino que deben solucionarlo entre los dos.

La asesoría sexológica es muy provechosa para superar los problemas de pareja cuando estos afectan la vida sexual. Un terapeuta sexual les guiará en la exploración de nuevas formas de erotismo, cómo cambiar las rutinas o las prácticas que no les satisfacen. 

Tampoco hay que descartar alguna afección física. De ser así, el profesional de salud sexual podrá derivarte con el urólogo para que él revise a detalle tu historial médico, realice exámenes físicos y de laboratorio para determinar si lo que está causando el deseo sexual hipoactivo, son bajos niveles hormonales o alguna enfermedad asociada a la pérdida de libido, incluida alguna otra disfunción sexual como disfunción eréctil o eyaculación precoz.

Si el origen es psicológico y a nivel personal, lo recomendable es iniciar una terapia psicológica. La pérdida del deseo sexual puede deberse a niveles muy altos de estrés o a depresión. En este caso, los antidepresivos podrían ayudar, pero estrictamente bajo supervisión médica. 

También pueden acudir a terapia de pareja. Esto con el fin de solucionar los conflictos que les están impidiendo tener una buena comunicación, una relación sana y una vida sexual satisfactoria.

Trabajar en la predisposición para mantener relaciones sexuales nuevas y gratificantes, atendiendo a la historia erótica y la educación sexual de cada uno, ayudará a volver a encender la llama. 

Consideraciones finales

Pero abordar la falta de deseo sexual situacional, debe hacerse de forma delicada y, antes que nada, con la pareja. El sexólogo les ayudará a trabajar las vías del placer y a superar los sentimientos de culpa, agobio, enojo o vergüenza que sean un obstáculo para el deseo.

El tratamiento integral de cualquier problema sexual debe incluir todos los recursos, que están a tu disposición para ayudarte, siempre y cuando exista la voluntad de salvar la relación de pareja.

Si estás poniendo excusas para evitar las relaciones sexuales, es obvio que algo pasa. No te conformes con una vida a medias, te recomendamos que hagas una cita con los expertos en salud sexual masculina.

¡Hasta pronto y gracias por tu atención en este artículo!

 

Artículo validado por Juan Manuel Martinez Preciado, Médico Cirujano con Maestría en Sexología clínica, epidemiólogo, integrante del grupo de dirección médica internacional Boston Medical Group.

 

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