Plasma rico en plaquetas para tratar disfunción sexual masculina

El plasma rico en plaquetas (PRP) es un plasma sanguíneo autólogo que contiene concentraciones de plaquetas que superan los estándares fisiológicos en tres a siete veces. Se ha utilizado en muchas ramas de la medicina durante varias décadas. Varios estudios demostraron ausencia o un mínimo de efectos adversos así como una buena efectividad en cosmetología, oftalmología, medicina deportiva, cardiología, cirugía de trauma, cirugía plástica e 

ingeniería de tejidos, entre otras aplicaciones.

 

El PRP contiene muchos factores de crecimiento: el factor de crecimiento vascular endotelial, el factor de crecimiento derivado de plaquetas, los factores de crecimiento de fibroblastos, el factor de crecimiento epidérmico y el factor de crecimiento similar a la insulina son los más estudiados y significativos para los procesos regenerativos. 

 

Por lo tanto el potencial regenerativo del PRP tiene como objetivo restaurar el flujo sanguíneo y las células del músculo liso, y podría aplicarse también en el tratamiento de ciertas afecciones urológicas. 

 

Analizaremos entonces algunos estudios preclínicos y clínicos actualizados sobre el uso de PRP en el tratamiento de la disfunción eréctil y la enfermedad de Peyronie a partir de un artículo publicado en Sexual Medicine Reviews del año 2019, titulado Terapia de Plasma Rico en Plaquetas para disfunción sexual masculina: mito o realidad? Este trabajo es una revisión exhaustiva sobre el tema en bases de datos internacionales como PubMed, Cochrane Library y Clinical Trials.

 

Comenzando con la disfunción eréctil, sabemos que es la dificultad para lograr o mantener una erección lo suficientemente firme como para tener relaciones sexuales satisfactorias. Su causalidad es compleja considerando los diferentes factores psicológicos, biológicos y relacionales que pueden afectar a la función eréctil. Hoy en día existe la oportunidad de ofrecer a los pacientes la terapia con PRP como una opción de tratamiento no quirúrgico, además de las diferentes líneas de terapia existentes.

 

Otra condición que podría tratarse con PRP es la enfermedad de Peyronie, una anormalidad adquirida del pene caracterizada por fibrosis de la túnica albugínea que puede estar acompañada de dolor, deformidad del pene, disfunción eréctil y angustia. Ya presentamos en otro artículo evidencia científica de los diferentes tratamientos disponibles en el momento, y por su parte se cree que el PRP produce sus efectos terapéuticos al aumentar la concentración de plaquetas en los tejidos dañados mejorando el proceso de curación al estimular su regeneración. 

 

Estudios sobre PRP y disfunción eréctil

 

En un estudio preclínico del año 2012, sesenta ratas del grupo experimental recibieron terapia PRP intralesional inmediatamente después del daño al nervio cavernoso. Cuatro semanas después, la presión intracavernosa fue 1/3 mayor en las ratas tratadas con el producto celular y el número de axones mielinizados de los nervios cavernoso y dorsal en los animales fue significativamente mayor que en el grupo no tratado. 

 

Entre el 2013 y el 2015 en Moscú, Epifanova y colaboradores realizaron un estudio clínico para evaluar la seguridad y la eficacia del PRP en el tratamiento de la disfunción eréctil. Los autores concluyeron que el PRP contiene la cantidad de factores de crecimiento necesario para el efecto terapéutico sobre la función eréctil, y la ausencia de efectos adversos indicaba la seguridad del método.

 

Estudios sobre PRP y enfermedad de Peyronie

 

En el año 2014 Virag realizó cuatro sesiones de terapia PRP con ácido hialurónico en trece pacientes con enfermedad de Peyronie. En promedio, durante el seguimiento de nueve meses el 77% de los pacientes mostraron una disminución del 30% en la curvatura, y por su parte la densidad y el tamaño de las placas disminuyeron en siete casos. Las puntuaciones del IIEF-5 mejoraron en todos los pacientes. Virag continuó su investigación y publicó los resultados de un estudio con noventa pacientes en el año 2017. El curso del tratamiento consistió en cuatro inyecciones cada quince días. Según los resultados del estudio, fue posible reducir el ángulo de la curvatura del pene y el grosor de la túnica albugínea. Las calcificaciones persistieron, sin embargo su densidad disminuyó en seis pacientes. Se registró una mejoría estadísticamente significativa en las puntuaciones del IIEF-5. Con respecto a los efectos adversos, los pacientes informaron solo hematoma (10%) y equimosis (6.7%). 

 

En resumen, deben tenerse en cuenta las limitaciones de los datos disponibles sobre el uso del PRP en el tratamiento de la disfunción eréctil. Los autores de este trabajo observaron varias limitaciones generales en el diseño de los estudios revisados como la ausencia de grupos de control y grupos de comparación con inhibidores de PDE-5 para los estudios de disfunción eréctil, y grupos de verapamilo/CCH para los estudios de enfermedad de Peyronie. 

 

Además, se debe determinar el grado de disfunción eréctil y el grado de curvatura del pene en los que podría ser efectiva y segura la terapia con PRP. También conocer sus eventuales contraindicaciones y la influencia de la edad de los pacientes en los resultados.

 

Por otro lado es necesario resolver la pregunta sobre el volumen y la frecuencia de las inyecciones. Es poco probable que una sola inyección sea suficiente para mantener la concentración necesaria de factores de crecimiento en el sitio de la inyección, de modo de mantener las reacciones reparadoras. 

 

A manera de conclusión, el PRP es un método de tratamiento seguro y de base patógena pero aún experimental para la disfunción eréctil y la enfermedad de Peyronie. Aunque los mecanismos exactos de acción del PRP aún no se han dilucidado, se cree que PRP realiza su potencial terapéutico a través de la regeneración del endotelio, las células del músculo liso y el tejido conectivo. Es necesario entonces llevar a cabo grandes estudios multicéntricos controlados con placebo que puedan confirmar o negar la efectividad del PRP para su manejo en medicina sexual.

 

Redactado para Boston Medical Group por Ezequiel López Peralta.

Psicólogo. Máster en Sexología Clínica y Terapia de Parejas.



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