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El gran peligro del chemsex. ¿Qué es y qué consecuencias tiene?

El chemsex, conjunción de las palabras “chemical” y “sex”, describe el uso intencionado de drogas para mantener relaciones sexuales por horas o días con múltiples parejas. Las prácticas sexuales en un estado de conciencia alterado por drogas, puede tener consecuencias tan serias como enfermedades de transmisión sexual (ETS) o adicción a las sustancias utilizadas. Las drogas siempre tienen efectos secundarios, ya sean psicológicos, físicos o en la función sexual. Ese es el gran peligro del chemsex. ¿Qué es y qué consecuencias tiene esta práctica cada vez más en auge? Aquí te lo explicamos, ¡toma nota de lo que sigue!

¿Qué es el chemsex?

El chemsex es una de las prácticas sexuales de mayor riesgo actualmente. Sin embargo, mezclar sexo, drogas y alcohol parece algo cada vez más familiar para jóvenes universitarios y hombres que tienen sexo con hombres. Aunque no podemos generalizar, es bien sabido que, entre estos grupos, las personas están más abiertas a experimentar nuevas sensaciones sexuales.

En Londres, donde nació el chemsex, es un fenómeno ya tan extendido, que se ha vuelto un problema de salud pública; según el diario El País, en clínicas de esta ciudad se llegan a reportar hasta 100 casos al mes de personas con un consumo problemático vinculado al chemsex

En México, esta práctica aún no es tan popular como en Europa debido a que hay más obstáculos, como el difícil acceso a las sustancias que suelen usarse, la Mefedrona y la Ketamina son algunos ejemplos. 

Ricardo Baruch, colaborador del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) y de la Federación Internacional de Planificación Familiar, en entrevista para el Foro Consultivo Científico y Tecnológico, afirma que “el chemsex es un fenómeno que en nuestro país está todavía muy enfocado en ciertos espacios, particularmente en grandes urbes, donde la comunidad gay es numerosa. La práctica del chemsex, además, implica varios factores que tienen que ver, por un lado, con la libertad sexual, pero también con la disponibilidad de las drogas y el hecho de que haya personas que conozcan cómo algunas de éstas pueden funcionar para el mayor placer sexual.”

Si bien en México existen varios esfuerzos enfocados en proteger a la población gay -entre ellos, el protocolo ImPrEP (implementación de la profilaxis preexposición)- como prácticas regulares y accesibles de prevención al VIH, aún hay mucho trabajo por hacer. De acuerdo con Baruch, los hombres que tienen sexo con hombres y las mujeres transexuales siguen siendo las poblaciones más afectadas por los nuevos casos de VIH.

Pese a esto, la práctica del chemsex entre la población gay mexicana, sí ocurre, aunque en menor medida; por lo cual resulta más complejo llevar a cabo protocolos de prevención de riesgos a la salud.

Concluye Baruch que quienes llevan a cabo esta práctica, no son necesariamente adictos a las drogas, sino usuarios ocasionales. Sin embargo, esa población también necesita de información y servicios que mitiguen los daños causados por “actividades recreativas” sin comprometer su salud. “Debería haber campañas y actividades (…) para las personas que hacen chemsex porque (…) están en un riesgo altísimo de contraer VIH, y aunque no son muchas, también deberían tener acceso a servicios de salud mental y de tratamiento en el tema de drogas”.

En España, el chemsex, se volvió también un asunto de salud pública. El Ayuntamiento de Madrid presentó en 2017 el Plan de Adicciones (2017-2020), con una inversión de 117 millones de euros para tratar ésta y otras dependencias (El País. 20 de octubre de 2017).

El mismo medio informativo declara que esta práctica está ganando terreno en la calle… Los expertos alertan de un aumento del consumo problemático de sustancias en este contexto y avisan de los peligros de este fenómeno: el chemsex eleva el riesgo de infecciones de transmisión sexual (ITS), adicciones y mala salud mental. El Ministerio de Sanidad admite su preocupación creciente por este fenómeno.

Otro dato importante lo arroja el estudio Homosalud 2021, que encuestó a 2.843 personas del colectivo de gays, bisexuales y otros hombres que tienen sexo con hombres; según esta investigación, la prevalencia del chemsex en España es del 9,4% y los motivos de inicio son varios: desde aumentar la libido o desinhibirse sexualmente hasta potenciar el placer.

¿Por qué el chemsex representa un gran peligro?

¿Por dónde empezamos? El perfil de usuarios de esta práctica es principalmente de hombres gays, bisexuales y otros hombres que tienen sexo con hombres (GBO). La población GBO es de por sí, altamente vulnerable no sólo a contraer enfermedades de transmisión sexual, sino a factores psicosociales como discriminación o la propia aceptación; si a esto se suma el consumo de las drogas y fármacos vasodilatadores requeridos en el chemsex, el cocktail es la receta perfecta para el desastre.

La conexión o la convocatoria a estas fiestas de sexo, chill, “sesión” o “colocones” como también se les llama, suele hacerse a través de apps, lo mismo que la compra de sustancias, la mayoría de éstas, ilegales. Imaginemos la cadena interminable de desconocidos que se cruzan en el camino a esta noche loca y con los que se compartirán sexo, drogas -varias inyectables- y alcohol. 

Es casi inevitable que, ya “enfiestados”, se desvanezcan los límites de la prudencia, el sentido común y ni hablar de la prevención y el cuidado de la salud.

Ya hemos hablado en otros artículos sobre las prácticas sexuales más arriesgadas entre los jóvenes, trastornos sexuales provocados por drogas o enfermedades de transmisión sexual. El chemsex implica a todas éstas. La probabilidad de transmisión del VIH y otras ETS, así como de problemas psicológicos y complicaciones de salud en general, se potencia a mil. 

¿Qué sustancias se utilizan en el chemsex?

Metanfetamina, mefedrona, poppers, GHB/GBL, éxtasis, ketamina o cocaína, todas potenciadoras de la desinhibición y de alto riesgo. Además, no es que cada quien lleve su dosis y su propia jeringa. Como en un buffet, hay de todo y para todos. Se trata de “compartir”, ¿cierto? Incluyendo el peligro. 

Según el estudio ‘Chemsex 101’ (2019), de la AIDS United. (EE UU), éstas son las sustancias más populares en el chemsex y sus efectos negativos inmediatos y a largo plazo.

Nitritos de amilo, los famosos poppers.

  • Dolor de cabeza.
  • Vasodilatación y aumento de la frecuencia cardiaca (taquicardia).
  • Es común que se combine con potenciadores de la erección (Viagra), lo que podría producir ataque al corazón.
  • Puede producir quemaduras en la mucosa nasal.
  • Puede dificultar la erección.

Metanfetamina cristalina

  • Altamente adictiva.
  • Posibilidad de experimentar pensamientos paranoicos, delirios, alucinaciones, ansiedad, depresión, agresividad, hostilidad y comportamientos violentos.
  • La sensación de autoconfianza, superioridad, fuerza e invulnerabilidad, facilita el que el usuario olvide los riesgos de todo tipo.
  • Dependencia, tanto durante la sesión como en la fase de descenso de los efectos. 
  • Su falta de uso dificulta las relaciones sexuales (lo que crea dependencia).
  • Sequedad extrema en la boca y deshidratación.
  • Peligro de sobredosis.

Ketamina

  • Puede afectar seriamente el sentido de la orientación -llamado agujero K-, que es una sensación de “separación del cuerpo”; lo que dificulta el movimiento, el habla o la respiración.
  • Los usuarios son proclives a prácticas que favorezcan el sangrado, con un aumento potencial de riesgo de ETS.  
  • El uso frecuente o prolongado puede inducir tolerancia (cada vez necesitar más) y problemas psicológicos, daños en la vejiga, el hígado y los riñones.

GHB / GBL

Esta es una de las drogas que más peligro representan en el chemsex.

El GHB (gamma-hidroxibutirato) es un líquido incoloro depresor del sistema nervioso. Es una “droga de diseño” que se fabrica en laboratorios domésticos clandestinos y se usa para experimentar “subidones”. 

  • Cuando se mezcla con alcohol, tiene un efecto depresor tan fuerte que puede producir desmayos y pérdida de la conciencia. Por eso, se le conoce como “la droga de las violaciones”. (Kidshealth.org)
  • En dosis elevadas puede causar desde pérdida del conocimiento hasta un coma temporal.
  • La combinación con opiáceos, benzodiazepinas o cualquier otro depresor del sistema nervioso central, puede ser mortal.
  • Su uso diario puede provocar síntomas graves de abstinencia física.
  • Los efectos secundarios incluyen somnolencia, mareos, náuseas, vómitos y cambios en la vista. (Kidshealth.org)

Mefedrona

  • Proporciona una sensación de confianza, excitación sexual y euforia similar a la de la cocaína. En el momento, hay un impulso “de amor” por los demás, lo que extingue por completo el sentido común y eleva cualquier tipo de riesgo.
  • El descenso provoca un gran bajón anímico.
  • Daño en las fosas nasales.

MDMA 

Metilendioximetanfetamina, popularmente conocida como éxtasis. Pertenece a la familia de las anfetaminas. Se usa como droga recreativa, pero al igual que la mayoría de las drogas de diseño, es ilegal. La MDMA aumenta dramáticamente la actividad de los neurotransmisores del placer como dopamina, norepinefrina (adrenalina) y serotonina. Los efectos comienzan entre 30 y 60 minutos, llegando al «clímax» entre 75 y 120 minutos después; los efectos más potentes se mantienen hasta más de 3 horas. (Wikipedia).

 

  • Puede dificultar la erección (debido al aumento de la serotonina).
  • Tensión en los músculos, sobre todo en la mandíbula, los dientes rechinan (bruxismo).
  • Sudor y ataques de pánico.
  • Riesgo de muerte por insuficiencia cardiaca.
  • Sentimiento de depresión cuando el efecto desaparece.
  • Pérdida parcial del sentimiento de dolor físico.

Todas estas drogas son altamente adictivas, al igual que el sexo. Al producir sensaciones de placer y gratificación, la persona tiene una gran tendencia a desarrollar dependencia tanto de unas como del otro. Lo que sigue es una espiral de consumo autodestructivo del que sólo se puede salir con ayuda profesional y un largo proceso de terapia y desintoxicación. Si es que se sale…

Enfermedades de transmisión sexual

Ya sabemos cuáles son: VIH, hepatitis A, B y C, sífilis, gonorrea, clamidia, tricomonas, balanitis, herpes genital, entre las más comunes. 

La posibilidad de sufrir desgarros anales o heridas a nivel de los genitales y el recto es alta. Está también la exposición a la violencia. No exageramos, estamos hablando de orgías con desconocidos bajo la influencia de drogas fuertes, todos convocados por infinidad de aplicaciones móviles donde todo está a la mano y con inmediatez: drogas, alcohol, lugares ocultos en la clandestinidad y ¡personas dispuestas a tener sexo descontrolado! Muchos de ellos cobran o pagan por sexo. 

¿Es posible saber si alguno de ellos es portador de VIH o alguna otra ETS? 

No creas que alguien les pedirá su cartilla de salud en la entrada. El doctor Pablo Ryan, especialista en enfermedades infecciosas del Hospital Universitario Infanta Leonor (Madrid), advierte sobre las consecuencias clínicas del chemsex: “Cada vez nos encontramos más ETS, sobre todo debido a la percepción disminuida del riesgo…Al mismo tiempo, se da la paradoja de que el control de la infección por VIH que proporcionan los tratamientos antirretrovirales, ha propiciado una relajación de las precauciones. Los pacientes saben que no transmiten el virus gracias al tratamiento (en caso de que lo sigan); además, los asiduos al chemsex que no tienen VIH, tienen a su disposición la PrEP (profilaxis preexposición), por lo que saben que no van a infectarse. Así, disminuye la prevención y la protección, por eso, el preservativo prácticamente no se utiliza. La consecuencia es un enorme incremento de otras enfermedades de transmisión sexual. Tampoco ayuda que algunas de estas drogas se consumen por vía intravenosa, como el llamado slamsex, que favorece aún más la transmisión de infecciones.”

Nadie escapa al gran peligro del chemsex. Si has asistido a estas fiestas de sexo y drogas o tienes curiosidad por saber qué es y qué consecuencias tiene esta práctica cada vez más en auge, infórmate, y consulta a tu médico.

Realiza tus exámenes periódicos de salud y sobre todo, ten en cuenta que las prácticas de alto riesgo no sólo traen aventura y adrenalina, sino una altísima exposición a daños permanentes en tu vida sexual, tu salud y calidad de vida.

Esperamos que este artículo haya sido de tu interés. Recuerda que puedes dejar tus comentarios aquí debajo, muchas gracias por tu lectura.

 

Artículo validado por Juan Manuel Martinez Preciado, Médico Cirujano con Maestría en Sexología clínica, integrante del grupo de dirección médica internacional Boston Medical Group.

 

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