Un nuevo horizonte en el tratamiento del bajo deseo sexual

El bajo deseo sexual es la disfunción sexual más frecuente en mujeres, mientras que en el hombre la consulta por este motivo está creciendo, muchas veces asociada a eyaculación precoz o disfunción eréctil.

Como siempre sostenemos en este espacio, los tratamientos integrales –combinando racionalmente las terapias médicas y psicológicas– son los recomendados por los protocolos de las sociedades científicas internacionales. Pero cuando nos enfocamos en las psicoterapias, contamos con tantas escuelas y modelos diferentes que es difícil establecer cual es el más indicado.

Quienes trabajamos en sexología clínica solemos manejar las llamadas terapias cognitivo conductuales como primera opción, y en este contexto están surgiendo nuevos enfoques y técnicas que parecen ser efectivas en el tratamiento del bajo deseo sexual.

En ese orden de ideas, encontramos un interesante texto en el Journal of Sexual Medicine del 2017. Su editor publicó una carta con un título más que sugerente: La prueba de terapia metacognitiva para el desorden de deseo sexual hipoactivo rompe el molde.

Comienza refiriéndose a un novedoso ensayo clínico de psicoterapia para pacientes con trastorno de deseo sexual hipoactivo, en el que encontraron beneficios significativos con la terapia metacognitiva, un tratamiento probado para tratar la depresión y la ansiedad pero que no se había aplicado en los trastornos psicosexuales.

Las metacogniciones son creencias profundas, arraigadas en el individuo, que afectan en diferentes órdenes de la vida: autoestima, estado de ánimo, relaciones sociales y sexualidad, entre otros. Por ejemplo si alguien piensa «valgo menos que los demás», sus emociones, pensamientos y comportamientos seguirán esa línea. Quizás se sienta una persona poco deseable, que debe tratar todo el tiempo de complacer a los otros, incluso resignando el propio placer. De ahí a la falta de deseo hay solo un paso, incluso en condiciones orgánicas saludables.

La terapia metacognitiva les demuestra a los pacientes que sus pensamientos, preocupaciones y rumiaciones mentales son inútiles o contraproducentes, y les ayuda a modificar esos pensamientos puntuales cuestionándolos o planteando experiencias alternativas. En esa línea, el entrenamiento de meditación basado en el mindfulness –una técnica en auge actualmente- complementado con terapia cognitivo-conductual clásica es la combinación más eficaz.

Volviendo al estudio que dio lugar a la carta del editor y a este artículo, una investigación realizada en Irán con treinta pacientes con diagnóstico de bajo deseo sexual, comparó la terapia metacognitiva de diez sesiones con la terapia sexual de Masters & Johnson, el método estándar de la sexología. Los resultados a favor de la primera fueron clínicamente significativos, y nos alientan a utilizar esta metodología con nuestros pacientes, incluso complementándola con el modelo clásico. A diferencia de la terapia sexual conductual, este enfoque se centra en procesos de pensamiento generales desactivando las creencias relacionadas con la inhibición del deseo y la respuesta sexual.

Básicamente se trata de identificar las creencias profundas relacionadas con la falta de deseo sexual, sus pensamientos derivados, las conductas que confirman esos pensamientos, y plantear el cambio a través del cuestionamiento de las creencias y la indicación de experiencias eróticas diferentes y, por supuesto, positivas.

Si bien nos falta una mayor cantidad de investigaciones con muestras más significativas, no caben dudas de que el camino que tenemos por delante en la búsqueda de soluciones para nuestros pacientes es bastante prometedor.

Redactado para Boston Medical Group por Ezequiel López Peralta.
Psicólogo. Máster en Sexología Clínica y Terapia de Parejas.

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