Testosterona y riesgo cardiovascular: ¿mito o realidad?

La terapia de reemplazo hormonal se utiliza tanto en hombres como en mujeres, ya sea como un tratamiento para atenuar los efectos de los cambios hormonales producto del envejecimiento, así como para tratar enfermedades específicas del sistema endocrino.

Desde hace algunos años, este tipo de terapias han tenido a ciertos sectores de la prensa en contra, en particular cuando son aplicadas a mujeres. Un hecho destacado fue la publicación de la Iniciativa de Salud de la Mujer en el año 2002, acompañada de una fuerte corriente negativa en los medios de comunicación. Eso llevó a muchos profesionales temerosos y quizás mal informados a evitar la prescripción de este tipo de medicamentos. Varios años después, en el 2013, los estudios concluyeron que las diferencias entre el grupo tratado con terapia de reemplazo hormonal y el placebo no eran significativas en cuanto a la mortalidad por diferentes causas supuestamente asociadas al uso de hormonas.

Más adelante, los efectos mediáticos llegaron a la terapia de reemplazo hormonal para hombres. Tal fue la situación planteada que en el 2014 la Food and Drug Administration (FDA) de Estados Unidos, basándose en dos estudios recientes, sugirió revisar el posible riesgo cardiovascular de las terapias con testosterona.

La terapia de reemplazo hormonal se ha asociado en particular con el riesgo cardiovascular, de cáncer y de derrame cerebral. Sin embargo, sus múltiples beneficios han sido comprobados si este tipo de intervención es debidamente monitoreada por especialistas. Para llegar a una decisión equilibrada y que no esté determinada por miedos irracionales, es necesario -tanto para quienes consultan como pacientes como para los médicos tratantes- tener una información basada en la evidencia científica.

Aquí entra en juego un artículo publicado en el año 2014 por el Journal of Sexual Medicine, titulado Testosterona, riesgo cardiovascular y hormonofobia. En el mismo se presenta el novedoso e interesante concepto de “hormonofobia”. Es una postura extrema que menoscaba la importancia de la sexualidad en la calidad de vida, y que está basada en testimonios aislados –no en investigaciones científicas- y en un odio intenso a todo lo proveniente de la industria farmacéutica. El problema de esta actitud negativa es que dificulta el acceso a estos tratamientos para quienes están en condiciones de verse beneficiados por los mismos, aún con mínimas posibilidades de efectos adversos.

El artículo mencionado cuestiona por vicios metodológicos los resultados de los dos estudios que inquietaron a la FDA. Por otro lado, resalta los peligros que presentan los hombres con niveles bajos de testosterona no tratados: enfermedad cardiovascular, obesidad, diabetes y síndrome metabólico. Por otro lado, señala varios estudios que demuestran una mejor capacidad cardíaca y la reducción de la mortalidad a la mitad en hombres que recibieron tratamiento con testosterona.

En resumen, no existen estudios que demuestren científicamente el aumento del riesgo cardiovascular de la terapia con testosterona, pero sí varios que dan evidencia de sus múltiples beneficios para la salud, en especial cardiovascular. Las decisiones médicas deben ser tomadas basándonos en estos datos y no en creencias sin sustento alimentadas por miedos y resentimientos.

Redactado para Boston Medical Group por Ezequiel López Peralta.
Psicólogo. Máster en Sexología Clínica y Terapia de Parejas.

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