Relación entre obesidad y disfunción eréctil

Como vimos en artículos anteriores, la disfunción eréctil es la incapacidad para lograr o mantener una erección para una relación sexual satisfactoria. Uno de los factores que hacen que se incremente el riesgo de padecer disfunción eréctil es la edad. De hecho, según el reconocido Estudio del envejecimiento masculino de Massachusetts, esta disfunción se incrementa del 5 al 15% entre los 40 y los 70 años de edad. Algunos aspectos médicos relacionados son las enfermedades de las arterias coronarias, síndrome metabólico, diabetes tipo 2, dislipidemia, hipertensión arterial, tabaquismo y obesidad, entre otros.

La obesidad y la disfunción eréctil

Precisamente en relación con la obesidad, encontramos un estudio titulado La relación entre el índice de masa corporal y la disfunción eréctil en hombres coreanos. En el mismo se evalúa la relación entre la obesidad, medida a través del índice de masa corporal (IMC) y del porcentaje de grasa corporal, y la disfunción eréctil, que se evalúa por el Índice Internacional de la Función Eréctil (IIEF). Los sujetos de la investigación fueron hombres coreanos mayores de 45 años, que participaron en el estudio del envejecimiento de Hallym en el año 2004.

El artículo mencionado también hace referencia a otras investigaciones y concluye que, en los hombres asiáticos, la obesidad es una de las causas de disfunción endotelial, que a la vez es un factor de riesgo de disfunción eréctil así como de otras patologías. Pero también, siguiendo las conclusiones de otros estudios como por ejemplo uno realizado en Japón, indica que también un índice de masa corporal bajo provoca esos mismos efectos negativos. La disfunción endotelial reduce la producción de óxido nítrico, un químico que es clave en la respuesta de la erección, lo que explica desde el punto de vista biológico esta relación entre la obesidad y la disfunción eréctil.

SI incorporamos también la dimensión psicológica, las personas obesas tienden además a una autoestima baja, relacionada con una imagen poco atractiva que tienen de sí mismas y con sus dificultades para controlar su peso y todo lo asociado con su enfermedad.

Sexológicamente hablando, la obesidad plantea dificultades para determinadas posturas sexuales que a veces se tornan complicadas de realizar. La vergüenza que produce la exposición del propio cuerpo limita los juegos eróticos. Y claro, la autopercepción negativa es un inhibidor del deseo, ya que una persona que se considera no deseable difícilmente pueda tener motivación sexual.

Algunas personas no logran controlar su peso tan rápido como quisieran, pero con el tiempo aceptan su cuerpo y lo disfrutan junto con su pareja, libres de traumas e inhibiciones. Incluso sacan a relucir su sentido del humor y se ríen de su situación.

Es importante considerar algunos consejos prácticos, por ejemplo a veces es necesario buscar posturas adecuadas -sobre todo las laterales resultan cómodas- y evitar ubicarse en la posición superior si no podemos controlar el peso del cuerpo sobre la pareja. Utilizar almohadones para levantar la cadera o sillas para variar posturas nos puede brindar más alternativas. También es importante regular los movimientos y el ritmo de acuerdo al estado físico. En definitiva, con una actitud erótica positiva y un poco de creatividad las cosas pueden mejorar.

Pero nunca olvidemos que la obesidad es una enfermedad, y más allá de que hagamos lo posible por hacer la situación llevadera, es fundamental un tratamiento médico y psicológico coordinado para evitar sus consecuencias negativas en la salud integral, y en la salud sexual en particular.

Redactado para Boston Medical Group por Ezequiel López Peralta.
Psicólogo. Máster en Sexología Clínica y Terapia de Parejas.

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