Pedofilia y desórdenes mentales

Quizás la parafilia (o desviación sexual) más repudiada en nuestra sociedad, para la mayoría de la gente, es la pedofilia. Se describe como la excitación sexual con niños y/o niñas, en general de menos de 11 años.

A veces es una fantasía que no pasa a mayores, ya que los mecanismos psicológicos de control funcionan para no llegar a la acción. Pero en otros casos –mayoritariamente de hombres-, los pensamientos se traducen en conductas de ofensa sexual a niños.

Desde la ciencia, especialmente la psicología, se han establecido perfiles de personalidad y causas comunes de la pedofilia, asociándose con abusos sexuales sufridos en la infancia. De este modo, la conducta pedofílica sería una repetición de esa experiencia, en este caso desde el lado del ofensor. Un mecanismo explicado por el psicoanálisis como “identificación con el agresor”.

Hoy en día las neurociencias están revolucionando el conocimiento, y cada vez encontramos más evidencias de que en el cerebro están las explicaciones de muchos fenómenos psicológicos, tanto en su estructura como en sus redes y conectividades.

Así es como encontramos un estudio que cambia radicalmente el concepto que teníamos acerca de la etiología de la pedofilia. Su título es Análisis de componentes independientes de imágenes de resonancia magnética funcional en reposo en pedófilos, y se publicó en el Journal of Sexual Medicine en el año 2016.

En el artículo se revisan varios estudios de la misma línea, que son consistentes con una investigación realizada por científicos canadienses con una muestra importante de pedófilos (37), contrastando los resultados con dos grupos de control: hombres no pedófilos que cometieron una ofensa no sexual (28), y hombres no pedófilos que no han cometido otro tipo de ofensas (39). El objetivo que se persiguió es no solo encontrar algunas características de conectividad cerebral propias del pedófilo, sino también diferenciarlo del cerebro del criminal en general.

A todos los participantes se les realizó un estudio llamado falometría, en el cual se mide por computadora el ingreso de sangre al pene mientras se los expone a siete tipos diferentes de estímulos visuales y auditivos que pueden asociarse con lo erótico. También fueron sometidos a entrevista clínica estructurada siguiendo el modelo del manual psiquiátrico DSM IV, y diferentes estudios psicológicos para evaluar aspectos tales como: personalidad, psicopatía, consumo de alcohol y drogas, experiencias de abuso en la niñez, enfermedad neurológica. Se tomaron imágenes del cerebro con un equipo de resonancia magnética, y el estudio se realizó en reposo e induciendo un estado de relajación en los participantes, durante un tiempo de 5 minutos y 34 segundos.

El grupo de pedófilos mostró una mayor respuesta en la falometría ante imágenes que involucraban a menores de edad, comparándolo con los grupos de control. Por otro lado, la resonancia magnética evidenció una conectividad cerebral diferente, en relación con los sujetos con personalidad antisocial. Esto demuestra que, más allá de que algunos antisociales son pedófilos, no todos los pedófilos son antisociales.

En el artículo se presenta la hipótesis de que la anatomía cerebral que distinguía a los pedófilos de los no pedófilos eran estructuras que conectaban las áreas o regiones que usualmente sirven para identificar y responder a estímulos sexuales. Autores como Stoléru y colaboradores, identificaron las áreas cerebrales que responden más fiablemente a la presentación de estímulos sexuales, y constituyen un total de veintiséis grupos. Nos referimos a ese conjunto de regiones como la red de respuesta sexual (SRN). En el estudio original se enumeran las veintitrés regiones en las que los pedófilos diferían de los dos grupos de control.

Si bien falta bastante por investigar, conocer más a fondo el cerebro de los pedófilos nos va a permitir un tratamiento científico y por lo tanto prevenir las ofensas sexuales a niños, niñas y adolescentes.


Redactado para Boston Medical Group por Ezequiel López Peralta.
Psicólogo. Máster en Sexología Clínica y Terapia de Parejas.

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