Los niveles de testosterona en hombres y el ciclo menstrual

La relación entre el deseo y los comportamientos sexuales por un lado, y las mayores posibilidades de fertilidad por el otro, es sinceramente apasionante. De hecho la biología evolucionista estudia las estrategias reproductivas de hombres y mujeres considerando que esas conductas tienen una fuerte base filogenética. Es decir que los genes heredados como especie, por el solo hecho de ser machos o hembras y de manera independiente a la cultura, son determinantes de la expresión sexual.

 

Uno de los tantos temas de estudio y discusión es la relación entre el ciclo reproductor femenino y los niveles de testosterona en hombres. Sabemos que el impulso sexual tiene una relación directa con esos niveles hormonales, y también que el período fértil en la mujer se presenta alrededor de su ovulación. En ese orden de ideas, es sensato suponer que los niveles de testosterona en hombres serían más elevados durante el tiempo de ovulación o periovulatorio, y que habría algún tipo de mecanismo biológico –normalmente olfativo y no consciente- que comunique al hombre cuál el momento indicado.

 

Así llegamos a un artículo publicado en el Journal of Sexual Medicine en el año 2018, titulado La testosterona masculina no se adapta al ciclo menstrual de la  pareja.


Los autores plantean que en diferentes especies animales sí se ha demostrado que los niveles masculinos de testosterona se adaptan al estado reproductivo de la hembra, promoviendo las conductas de cortejo y de agresividad hacia otros machos y aumentando el impulso sexual cuando la hembra es fértil. Pero sin embargo no se ha establecido con certeza si los hombres en relaciones heterosexuales adaptan sus niveles hormonales a su pareja femenina y se acoplan al ritmo de su ciclo menstrual.

 

Para dar más luz sobre el tema, se inició un estudio para probar la hipótesis de que algunos hombres tienen picos de testosterona o acné (un posible biomarcador para la actividad androgénica) cerca de la ovulación de sus parejas, mientras que otros hombres presentan un patrón opuesto. Si se pudieran probar esos dos esquemas de funcionamiento de la testosterona, el objetivo secundario era explicar tal dicotomía comparando estos grupos en términos de calidad de relación, estrés percibido, datos demográficos, intención de reproducción con el compañero actual y otras variables significativas.

 

Las parejas heterosexuales reclutadas para la investigación debían estar en convivencia, y dentro de un rango de edad entre los 18 y los 50 años. Finalmente se incluyeron cincuenta parejas y cuarenta y ocho completaron el estudio.


La investigación comenzó en un punto de tiempo aleatorio del ciclo menstrual y se desarrolló durante cuatro meses. Los hombres tomaron muestras de saliva en su casa a la misma hora todas las mañanas. La otra variable de resultado, el acné, se registró diariamente por cada participante masculino. Las mujeres recibieron protocolos en los que se les indicó que registraran el primer día del ciclo menstrual y el día de la ovulación. Para la detección de la ovulación se proporcionaron pruebas de hormona luteinizante para uso doméstico. Por otro lado, se solicitó a los participantes que respondieran un conjunto adicional de cuestionarios: escalas de calidad de relación de pareja, escala de stress percibido y varias preguntas sobre salud general, situación económica, hábitos de higiene femenina, peso, longitud corporal, uso de productos de tabaco, duración de la relación, situación familiar y con qué frecuencia cada pareja tuvo acercamientos sexuales.


Los resultados indicaron, en términos generales, que durante los períodos periovulatorios los niveles de testosterona no difirieron significativamente del ciclo restante. Algo similar ocurrió con el acné. El estudio no pudo demostrar entonces ningún efecto de la ovulación femenina en la testosterona masculina.

 

Hay varias explicaciones posibles para estos hallazgos negativos. El más obvio es que la hipotética sincronización de testosterona masculina con el ciclo menstrual de la pareja no existe, o es demasiado sutil para ser detectada. Por otra parte, considerando que en otras especies de animales la detección de la ovulación de la hembra por parte del macho es por medio del sentido del olfato –por la acción de  las feromonas-, varios estudios sostienen que los primates en general confían más en la comunicación visual que en la olfativa. Otra explicación dada por los autores del estudio también es bastante interesante. Algunos estudios experimentales encontraron una relación positiva entre los niveles de testosterona en hombres y la ovulación. Pero resulta que esa respuesta era aguda y puntual, a diferencia de este estudio en el que se registraron respuestas diarias durante ciento veinte días. Entonces se podría sugerir la hipótesis de que la adaptación hormonal masculina a las señales ovulatorias se limita a una reacción aguda de corta duración, pero disminuye si el estímulo ovulatorio persiste -como ocurre cuando se duerme junto a la otra persona todas las noches-. Además en esos estudios experimentales los hombres involucrados estuvieron expuestos a mujeres que no eran sus parejas, lo que indicaría que los aumentos de testosterona masculinos ocurren principalmente en respuesta a mujeres con quienes no están en una relación estable.

 

En resumen, todavía falta mucho por estudiar, manejar diferentes diseños de investigación, pero por el momento no tenemos una evidencia sólida de esta sincronización testosterona-ovulación en seres humanos.

 

Redactado para Boston Medical Group por Ezequiel López Peralta.

Psicólogo. Máster en Sexología Clínica y Terapia de Parejas.

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