Excitación y orgasmo de la mujer

La respuesta de excitación sexual y de orgasmo en la mujer tiene ciertos correlatos con la del hombre, pero también bastantes particularidades que es importante conocer para poder entenderla, diagnosticarla y de ser necesario pensar en una intervención.

La búsqueda de un “Viagra femenino”, es decir una píldora que mejore una o más fases de la respuesta sexual de la mujer, estimuló cientos de investigaciones que nos permitieron saber mucho más acerca del deseo, la excitación y el orgasmo femenino.

Así es como llegamos a un consenso científico: la Cuarta Consulta Internacional de Medicina Sexual, dentro de la cual se creó un comité sobre el asunto: La anatomía y fisiología de la función sexual femenina y la fisiopatología de la disfunción sexual femenina. Se trabajaron seis temas incluyendo anatomía, fisiología, evaluaciones funcionales clínicas, patología neurológica, función y disfunción psicosexual. Podemos ver el trabajo completo en el Journal of Sexual Medicine del 2017, en donde encontramos el artículo titulado La fisiología de la función sexual femenina y la fisiopatología de la disfunción sexual femenina (Comité 13A).

En este trabajo vamos a enfocarnos en el segundo tema, relacionado con la fisiología de la excitación y el orgasmo en la mujer, y más adelante abordaremos otros tópicos.

Pero empecemos por lo más básico: los conceptos. La excitación sexual femenina no solo es un estado mental (emocional y cognitivo) sino también un estado físico, inducido por diversos estímulos que suelen producir sentimientos de placer e iniciar el deseo de continuar la actividad hasta alcanzar el orgasmo. Los cambios físicos incluyen el aumento de la frecuencia cardíaca, la presión arterial, la respiración, el flujo sanguíneo genital, la lubricación vaginal y la erección de los pezones, entre otros.

Los estímulos inductores de la excitación pueden involucrar a todos los sentidos y a las fantasías. En especial el tacto es de gran importancia, considerando la alta sensibilidad de las mujeres en toda la piel y la connotación no solo erótica sino afectiva y de intimidad emocional que tienen las caricias. Muchas zonas erógenas en el cuerpo femenino pueden despertar la excitación cuando se acarician: los labios, la nuca, la parte posterior del cuello, las orejas, las axilas, los senos, los pezones, el pubis, las caras internas de los muslos, las nalgas, el ano y el perineo. Aunque claramente las estructuras más sensibles se encuentran relacionadas con la zona genital. El método de estimulación es variado, y su efecto siempre depende de las preferencias y experiencia sexual de cada mujer (vibraciones, caricias, juegos orales). El coito pene-vagina por su parte estimula diferentes órganos de la anatomía genital femenina, generando también estimulación psicológica.

Pasemos ahora a un tema controvertido en la comunidad científica, el denominado punto G. Desde su primera descripción realizada por el doctor Grafenberg en la década del cincuenta, fue retomado por diferentes investigadores como Whipple o Ladas, entre otros, y muchos de ellos se basaron en disecciones de cadáveres y estudios de ultrasonido en mujeres vivas, así como en testimonios tomados en entrevistas clínicas. La realidad, hoy por hoy, es que ningún estudio ha demostrado la existencia anatómica de este punto, ni su rol en la función sexual femenina, y mucho menos entonces tienen sentido las intervenciones médicas o quirúrgicas para aumentar o amplificar su tamaño.

Aunque algunos expertos sostienen que el aumento de la excitación sexual estimulando la pared vaginal anterior se debe a la acción del punto G, investigadores como Hoch y Levin plantean que la pared anterior contiene varias estructuras que pueden provocar la excitación, incluyendo las estructuras internas del clítoris.

Otra estructura que a veces se relaciona con la excitación sexual femenina es el cuello uterino, aunque su inervación sensorial es limitada y su relevancia en el placer de la mujer durante el coito no está totalmente establecida.

Una de las características más evidentes de la excitación sexual es el aumento del flujo sanguíneo vaginal, produciendo un trasudado que se filtra a través de las paredes de la vagina. Este proceso facilita la penetración sin dolor y por lo tanto con placer. La lubricación vaginal disminuye en diversas condiciones como menopausia, diabetes y vaginitis atrófica. Aunque se ha intentado la cuantificación de la lubricación vaginal como indicador de excitación sexual exitosa, ningún estudio publicado ha sido lo suficientemente sólido como para ser útil para el diagnóstico en un contexto clínico.

Otro tema de discusión en el ámbito científico es el de la emisión (a menudo descrita como eyaculación) de un pequeño volumen de líquido de la uretra con una excitación sexual alta o con el orgasmo. Es probable que se trate de la descarga de secreciones de las glándulas parauretrales que cubren la uretra (próstata femenina), pero los volúmenes mucho más grandes liberados en chorros son casi seguramente orina debido a la incontinencia coital.

Sin dudas el punto de mayor discusión y a veces preocupación de hombres y mujeres, es el orgasmo femenino. Las cuestiones controvertidas abundan, y se refieren a la identificación anatómica de su sitio de inducción durante el coito; si la inducción orgásmica procede del coito o de estimulación del clítoris; la participación en el orgasmo en la mejora del transporte de esperma y por lo tanto en la eficacia reproductiva; su peso en la satisfacción sexual femenina y masculina; y además tenemos una completa falta de consenso sobre el patrón de actividad cerebral durante la excitación y el orgasmo.

Finalmente, destacamos que a diferencia de los hombres las mujeres carecen de un período refractario post-orgásmico. Después del orgasmo, pueden mantener la excitación y el deseo sexual subjetivo, y en algunos casos lograr orgasmos múltiples en serie.

Como vemos, la ciencia ha avanzado y resolvimos gran cantidad de interrogantes, mitos y prejuicios. Pero aún siguen siendo más las preguntas que las respuestas.

Redactado para Boston Medical Group por Ezequiel López Peralta.
Psicólogo. Máster en Sexología Clínica y Terapia de Parejas.

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