Ciberpornografía y satisfacción sexual en adultos

El consumo de pornografía en adultos es una tendencia creciente, dada la facilidad de acceder a estos contenidos a través de internet, su mayor popularidad y la aceptación social de este tipo de actividades.

Sin embargo, la sociedad actual no es completamente liberal al respecto, y aún quedan ciertos sentimientos de culpa asociados a tabúes y a creencias falsas. Hombres y mujeres que se estimulan mirando pornografía en internet, suelen preguntarte si eso “está bien o está mal”, y no encuentran parámetros para saber si esa actividad es parte de una manera saludable de vivir la sexualidad, o si por el contrario es una conducta que puede afectarles en lo personal y en su relación de pareja.

Lo bueno es que la ciencia sexológica da respuesta, a través de investigaciones, a estas inquietudes. Un trabajo publicado por el Journal of Sexual Medicine en el 2016, titulado Perfiles de uso de ciberpornografía y bienestar sexual en adultos, nos ayuda a entender que existen diferentes tipos de personas según su relación con el material pornográfico en internet.

Los participantes de este estudio fueron 830 hombres y mujeres entre 18 y 78 años, que a través de internet respondieron a diferentes cuestionarios: el Inventario de Uso de Ciberpornografía, que permitió establecer los diferentes perfiles de usuarios. Por otro lado la Medida Global de Satisfacción Sexual, la Escala de Compulsividad Sexual, la Subescala de Evitación Sexual y la Escala de Experiencias Sexuales de Arizona posibilitaron medir el bienestar sexual, el nivel de compulsividad y la evitación.

Así es como se encontraron tres perfiles o tipos diferentes de usuarios de ciberpornografía:

  • El recreacional, que lo hace con un fin placentero, en soledad o en pareja, sin sentimientos de angustia ni de culpa, y con un control de la frecuencia de esa práctica.
  • El usuario en riesgo altamente angustiado no compulsivo, que controla la frecuencia de la práctica pero siente un elevado nivel de angustia y culpa al realizarla. En general el consumo de pornografía está asociado a la descarga del estrés y de la ansiedad.
  • Y finalmente el compulsivo, que no tiene control sobre el uso de ciberpornografía, lo cual puede generar serios problemas desde el punto de vista psicológico, social, laboral y por supuesto de relación de pareja.

De acuerdo a las pruebas administradas en esta muestra, el 75.5% correspondían al perfil recreacional, el 12.7% al angustiado no compulsivo, y el 11.8% restante al compulsivo.

Los usuarios recreacionales reflejaron en la evaluación tener el mayor nivel de satisfacción sexual, y menor compulsividad, evitación y disfunción sexual. En este grupo se encontraron más mujeres y personas que miraban pornografía en pareja. Los angustiados no compulsivos por su parte, mostraron ser menos activos en el uso de la pornografía debido a su tendencia a la evitación, por los mismos sentimientos de culpa y distrés. De hecho sus niveles de angustia son los más altos, en comparación con los otros dos grupos. Su nivel de satisfacción sexual es menor, la compulsividad baja, y más presencia de disfunción sexual. En el perfil compulsivo, finalmente, se ubican mayoritariamente usuarios de sexo masculino que mostraron un nivel de angustia elevado. Su nivel de satisfacción sexual es bajo, y evitan las relaciones sexuales por los mismos sentimientos de angustia que produce el consumo excesivo y obsesivo de pornografía. Es el grupo que presenta menos disfunción sexual, la que parece que está relacionada no con la compulsividad sino con el nivel de angustia que provoca el contacto con material pornográfico.

Vemos entonces que hay diferentes formas de uso de ciberpornografía. Por lo tanto, más que pensar en que la práctica en sí es saludable o patológica, debemos analizar la manera en la cual enfocamos la misma. El consumo de pornografía puede constituir un estímulo sexual efectivo para el disfrute en soledad o en pareja, también es un inductor del deseo y llegar a generar ideas para una sexualidad más creativa y diversa. Pero si esta actividad da lugar a sentimientos de culpa, malestar, y además no se controla su frecuencia, el momento y el lugar en la que se practica, indicaría problemas psicológicos, de pareja o incluso médicos que es necesario consultar con especialistas.

Redactado para Boston Medical Group por Ezequiel López Peralta.
Psicólogo. Máster en Sexología Clínica y Terapia de Parejas.

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